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MI PRIMER DÍA EN EL BALLET
No, no me ha dado por cumplir ningún sueño infantil. No me he enfundado las mallas y las zapatillas ni moveré mis músculos al ritmo de sutiles melodías. Ayer fui a ver mi primer espectáculo de danza, nada más y nada menos que a ver la obra El Lago de los Cisnes, interpretada por el Ballet Nacional de Cuba, compañía dirigida por Alicia Alonso.
Nunca dejo de sorprenderme con lo que la vida te regala. Asombrada pues de encontrarme viendo a uno de los mejores grupos de danza del mundo, disfruté con todos mis sentidos, que son más de cinco, y ello nos lo demuestra la propia Alicia Alonso, que aún a sus 91 años y ciega dirige esta compañía de bailarines y sigue subiéndose a los escenarios.
Disfrutamos de un elenco de grandes artistas que nos demostraron el poder de la grupalidad, sus efectos sublimes. Compaginar en una unidad estética tantas diferencias corporales, emocionales y psíquicas, pone de relieve la importancia de la dirección. Todos a una y moveremos el mundo. Sutiles movimientos, extraordinaria belleza, delicados tutús que, entre giro y giro, generaban la ilusión de estar bailando con ellos al ritmo de la música.
Se cierra el telón y las puertas del tren, vuelvo a mi asiento, a la vida cotidiana, despierto de mi ensoñación. No soy esa bailarina que agujerea el piso, apasionada, con la punta de sus dedos. No soy ese fornido y estilizado bailarín que acompasa el cuerpo de su amada. No soy ese pájaro de grandes alas movidas al compás de instrumentos de cuerda. Soy la que con sus ojos abiertos supo apreciar el valor transformador del trabajo, deseo puesto más allá del propio narcisismo. Soy la que se dejó llevar por las emociones cuando se levantó el telón y empezó la danza. Soy la nueva enamorada de los escenarios, la que quiere dejarse seducir, día tras día, por las grandes obras de la Humanidad.
LA SOMBRA DE LA INFIDELIDAD
Al rojo vivo están muchas relaciones cuando la sombra de la infidelidad se cierne sobre la pareja. Ya manifesté en otras ocasiones que cada vez son más los que acuden a terapia para solventar una crisis matrimonial y en la mayoría de los casos los celos y la sospecha de terceras relaciones están detrás de los motivos de los problemas conyugales.
¿Es imposible la fidelidad en la pareja? ¿Puede mantenerse el amor y el deseo a través de los años? ¿Qué es ser infiel? ¿Tolerar cierta libertad sexual de tu partenaire es muestra de desinterés? ¿Qué amamos cuando amamos y qué deseamos cuando alguien se nos cruza en nuestro camino? A la hora de dar respuestas podemos vernos influenciados por sentimientos y consideraciones de orden moral que trascienden de la educación que hemos recibido a este respecto. La religión, la defensa de la institución familiar, el temor a lo desconocido así como la no consideración de la propia naturaleza humana nos llevan a pensar, generalmente, que sin fidelidad no hay relación de amor posible. Muchos afirman que ser infiel es la mayor traición que te puede ocasionar la pareja, "lo soportaría todo menos que se acostara con otro/a". La posibilidad de perder al ser amado genera gran dolor, pero también supone una ofensa al propio narcisismo, "qué es lo que tiene ella que no tengo yo". Nos sentimos en falta, vemos tambalearse nuestro universo, alguien de fuera ha puesto en tela de juicio la fortaleza de la relación y desata la caja de pandora.
No siempre la sospecha es fundada, en muchos casos vemos donde no hay, son nuestros propios deseos los que nos llevan a atribuirle al otro los deseos que sentimos de forma inconsciente. ¿Acaso podemos controlar lo que sentimos? Hay quienes presa de su pasión celosa espían a su pareja, le miran el teléfono, violan la confianza buscando justamente eso, el engaño. ¿Es lícito transgredir todos los límites de la convivencia para descubrir aquello que no quieres que pase? ¿Qué haremos si descubrimos lo terrible, hay otro/a? ¿Podremos soportar nuestras preguntas, nos servirán las respuestas? ¿Qué hacer después, acaba aquí la relación? ¿Qué hacer si tu pareja te agobia por sus celos, puede meterse en tu vida más íntima? ¿Es peor ser infiel o es peor querer dominar al otro?
Las relaciones humanas son complejas, no hay un camino hecho previamente que nos augure el éxito, lo que antaño fue válido ya no lo es, cambiamos de gustos, la relación se desgasta porque dejamos de cuidarla... ¿Quiere decir eso que podemos o queremos prescindir de nuestro compañero/a? ¿Quiere decir que el muerto al hoyo y el vivo al bollo? No tiene por qué ser así, muchas relaciones son fuertes compromisos, amor más allá del apasionado deseo del comienzo, relaciones que te apoyan cuando lo necesitas, el objetivo por el que trabajar, el centro de la familia que habéis construido. Romper una relación por un escarceo sexual es un grave error. Una cosa es tener un deseo sexual y otra amar a alguien. Con un amante no te irías a vivir, no compartirías tu intimidad, tu vida. Muchos han roto su afianzada relación por un "calentón" y luego se quedaron compuestos y sin nadie a quien amar. Se puede vivir sin pareja, por supuesto, pero si se ha elegido vivir con un compañero/a hay que tener manga ancha, hay que permitir cierta distancia, cierta libertad para que cada cual tenga el espacio que necesita para desarrollarse. Este es uno de los graves errores de las parejas. No se dan cuenta de que atar en corto al otro, controlarle, preguntarle por cada uno de sus pasos, aleja cada vez más a la otra persona, la agobia, acabará por estallar tarde o temprano.
No es un tema nada fácil este, apenas tenemos educación sentimental, pensamos las relaciones como algo hermético en el que no tienen que intervenir terceras personas, ni familia, ni amigos, ni nadie... Está claro que hay cosas que incumben sólo a los dos, pero necesitamos de otros para vivir, para llenarnos de deseos, porque cuando una pareja son dos, el deseo se va agotando de tanto usarlo. Si tu pareja vuelve a casa feliz y te trata con agrado y con amor, no debes preguntar qué hizo, ni con quién fue, debes saber disfrutar del don de su compañía, de la vida que compartís que está hecha con muchos otros. Pretender que el amor sea cosa de dos es caer en los brazos del sueño infantil donde el niño lo era todo para la madre y ella para su pequeño retoño, no hacía falta nada más. Debemos alejarnos de este modelo que nos aísla y nos hace infelices. Debemos alzar el vuelo, trabajar por nuestra propia felicidad para luego poder aterrizar y compartir nuestra satisfacción con las personas a las que amamos. Ese es el mayor grado de respeto, darle al otro lo mejor de mí.
ELLA RETOMÓ TU CAMINO A LA VIDA
Tal vez a usted le haya pasado lo mismo. Se dejó llevar por sus deseos, el amor, fue dejando de lado a las amigas, ya no tenía tiempo, le apetecía estar con su pareja. Puede que ponga como excusa que ellas también tenían su vida, sus compromisos, pero usted no se dio cuenta de que dejaba atrás las relaciones que la mantenían viva, aquellas con las que se divertía, con las que hablaba, iba de compras, compartía sus inquietudes, sus compañeras. Se metió de lleno en su relación de a dos y todo su tiempo lo repartía entre las tareas diarias y él, la familia y él, el trabajo y él.
Pasaron los años y llegaron los hijos, las papillas, los pañales, los cambios de humor, la falta de tiempo para salir, la desgana sexual, los enfados, la suegra, el dinero… Empezaron a salir las primeras arrugas, las canas, la casa se fue convirtiendo en su palacio o su cárcel. Ahora se siente desencantada, no sabe cómo ha llegado hasta aquí, el vaso se fue colmando y ahora ha rebosado. Su pareja ya no le llena como antes, apenas hablan, él quiere saber a dónde va, con quién habla, opina sobre la ropa que se pone y sobre el dinero que gasta, no colabora lo que debería en el cuidado de los niños y en la cama ya no saltan las chispas como antes. La distancia entre ambos se ha hecho patente, ya no aguanta más. Si buscamos el detonante de este rechazo tal vez no lo encontremos, puede que haya sido la suma de muchas cosas, o que alguien avivó el deseo dormido, o que despertó del letargo en el que estaba sumida.
Muchas parejas llegan a terapia en este estado de cosas. “Ella ha cambiado, dice que me quiere dejar”. “¿Cómo no me he dado cuenta?”. “Ya no lo deseo”. “Quiero sentirme libre”. Dejarse llevar por el amor sin guías es un viaje muy peligroso que tiene consecuencias. Las pasiones no suelen ser buenas consejeras, hay que domeñarlas y marcarles un rumbo que tenga en cuenta la vida que uno ya tenía. Si dejamos de lado las aficiones, los amigos, la familia, la privacidad… acabaremos por sentirnos prisioneros en muros que nosotros mismos hemos levantado. Si alguien, para estar contigo, te pide que seas otra persona, tal vez debas elegir otro compañero/a. Lo que al principio parece amor y confianza, luego lo llamamos celos y control. Para poder disfrutar de la vida de pareja, primero hay que disfrutar de la vida de cada uno, respetarnos a nosotros mismos y respetar el tiempo de la otra persona. Comprender los gustos de las demás personas es imposible, sólo podemos aceptarnos diferentes y pactar para poder convivir. Las personas felices irradian felicidad a su alrededor. Las personas sacrificadas acaban vengándose. No siempre el camino de la vida feliz sea separarse, muchas veces es pensar y comportarse de forma diferente a como lo venían haciendo, ser otros y descubrir, día a día, cómo pueden ser felices y hacer felices a esa persona que han elegido como compañero/a de vida.
ESTÁ TODO PERDIDO
¿LO INTENTASTE?
¿Cuántas veces te dijiste a ti mismo que lo ibas a intentar, que esta vez era la definitiva? ¿Cuántas le prometiste a tu pareja que ibas a cambiar? En ese momento todo parece terrible, el sufrimiento es máximo, uno quiere salir de ahí y siente su deseo de cambiar como verdadero, pero ¿basta la intención? No es preciso responder a esta última pregunta, todos sabemos que no es suficiente, sin trabajo no hay cambios y no hay resultados.
Más de 11 años de experiencia como psicoanalista y asesora matrimonial me demuestran que la mayoría de esos intentos se quedan en “inventos”, calmantes temporales del malestar que no se traducen en ningún acto comprometido. Algunos llegarán a descolgar el teléfono, tal vez a acudir a una primera consulta, ¿pero después? ¿hay un después? En la mayoría de los casos hay abandono de lo que nunca se comenzó seriamente, excusas baratas fruto de la desidia y la incapacidad de reconocer que son necesarios los compromisos.
Es esta una de las causas más importantes de los fracasos matrimoniales, mucha promesa de cambio que luego se traduce en nada y al final parece que le estás hablando a una pared. Cómo convivir con alguien que no es capaz de escuchar y tener en cuenta las demandas de su pareja. No se trata de obedecer como un gil a las demandas del otro, pero sí de tenerlas en cuenta, no en vano, cuando el río suena…
Primer aviso: no se haga el sordo/a.
Segundo aviso: acepte que todos, alguna vez, muchas veces, necesitamos ayuda.
¿Por qué le resulta tan difícil aceptar que solos no han podido solucionar sus desencuentros? Por supuesto que separarse le evitará problemas, pero le dará otros. No es esa la solución, hay otras.
NO SÓLO HAY QUE PARECERLO, TAMBIÉN HAY QUE SERLO
No se hace buena literatura con buenas intenciones ni con buenos sentimientos.
André Gide (1859-1951) Escritor francés
No somos tan diferentes, yo también ambiciono curarme de mis propios deseos, ser perfecta, no equivocarme nunca, quiero dejar de sentir, ser una máquina precisa. No obstante, también construyo mi renuncia a serlo. Creerán ustedes que es fácil para mí, pero no es así. Todos tenemos que realizar el trabajo que nos llevará a tener una vida humana, con inconsciente, con deseos, también contradictorios. No nos podemos curar de ser lo que somos, pero sí podemos construir una vida más civilizada para nosotros. No por nuestra apariencia somos personas del siglo XXI, es por el trabajo que realizamos para alcanzar nuestros potenciales. No sólo hay que parecerlo, también hay que serlo.
Prometer es fácil, cumplir la promesa a veces imposible. Por ese motivo, lo mejor es no prometer y comprometerse en el día a día, mantener los pactos creados. Lo difícil no es llegar sino permanecer. Tumbada en el diván, cuántas veces se hizo el camino cuesta arriba y alcanzar la meta parecía un objetivo irrealizable. Acudían a mí, en esos momentos, pensamientos tormentosos, me invadía la melancolía y sólo deseaba dejarme caer. Después, sus palabras me levantaban como fuertes manos y conseguía salir de ese abismo en el que yo misma había caído. La vida es tan difícil y tan maravillosa al mismo tiempo.
Cuando renunciaba a comprender mis propios estados me iba mejor, apartar las pretensiones de curar a los pacientes hacía que éstos se interesaran más por psicoanalizarse que por llevarme la contraria. Al final acabaré aprendiendo que la vida sólo se puede vivir, no se puede entender.
HAY QUIENES HACEN DEL MUNDO UN RING
Hay quienes hacen de cada encuentro una confrontación, aquellos que consideran que dar su opinión es ofender al otro, los que se cuelan en tu mundo sin ser invitados y sin atender unas normas mínimas de educación.
Esto pasa en la vida cotidiana, pero también pasa, y mucho, en el mundo virtual de internet. Es habitual encontrarse con personas que piensan que ahí no hay reglas, todo está permitido, insultar, ofender, cotillear, criticar. En general, no es bien tolerado que se quiera aprovechar el tiempo, que se hable de usted, que se llame antes de entrar. No es extraño tropezarse con alguno de estos “personajes” y salir escaldada simplemente por mantener las distancias, por atender cierta cortesía o por trabajar en lugar de chatear. Incomprensible, lo sé, pero está a la orden del día.
¿Amargados o solitarios? Tal vez ambas cosas, pero está claro que para ser una persona sociable hay que aprender a valorar las virtudes de los demás en lugar de ver los errores que, por otra parte, todos tenemos. Hay ejemplos magistrales de personas así, se me viene a la mente uno cercano, una gran persona que siempre tiene una amable palabra para el prójimo, que siempre espera del otro lo mejor y cuya grandeza no sólo es ser un gran trabajador, sino hacer de los demás seres valiosas sólo por existir.
Si aprendemos a hablar, en lugar de ofender, si hacemos del otro un aliado y no un enemigo, haremos de este un mundo mejor y dejaremos los derechazos para los profesionales del boxeo.
RELATOS DE DESESPERACIÓN II
Delgada es la línea que separa la vida de la muerte, la razón de la locura.
Abrió el cajón de su escritorio y extrajo un revólver que había adquirido años antes en el mercado negro. Lo puso sobre los papeles escritos y permaneció unos instantes mirando ese frío instrumento.
Hacía días que extrañas ideas rondaban su mente, la desazón corroía sus horas, se sentía al borde de un precipicio sin fin. Su mundo se había desplomado como si se hubiese tratado de un mero espejismo. Estaba solo, con ese arma sobre la mesa, frente a un destino desconocido.
Cayó la noche y la angustia lo sumió en un pesado sueño, allí mismo, sobre la mesa, junto a su silencioso compañero. En una isla desconocida, una mañana gris, un grupo de jóvenes se dirigía a una especie de cabaña donde otros les esperaban. Él, agazapado entre los árboles, les apuntaba con un arma automática y algunas granadas. No sabía por qué estaba allí, ni quiénes eran, sólo sentía el impulso de disparar y cegar la vida de esos desconocidos.
De un sobresalto interrumpió la imagen onírica. Se sentía un asesino, no sólo por la intención de acabar con su vida, sino porque con ello atentaba contra muchas otras personas que también formaban parte de su vida. Un reguero de lágrimas surcó su rostro, en la penumbra de la estancia, fijó su vista en un resquicio de luz que entraba por la puerta. Al otro lado la vida, la esperanza, los seres queridos. Volvió a tomar el revólver y lo guardó en el cajón del que nunca debió haber salido. Echó la llave y la introdujo en un sobre blanco que arrojó al cesto de la basura. Levantándose de la silla, se acomodó el cabello, secó sus lágrimas y se encaminó hacia la puerta que le separaba del resto del mundo.
Hoy no sería el día de su final, hoy sería un día más, un grano de arena en una inmensa playa que sería su propia vida.
RELATOS DESESPERADOS I
El tren estaba a punto de salir, aunque ella aún no sabía a dónde se dirigía. Sus compañeros de viaje acomodaban las maletas en los compartimentos e irradiaban la alegría y ansiedad propias de un trayecto que comienza. Ella no llevaba equipaje, tan sólo un billete que la conduciría a alguna parte, lejos de sí misma, por ahora, su máxima enemiga.
Se sentía un peligro, no sólo para su propia existencia, también para la de aquellos que tanto amor le mostraban. Algo se había roto y ella había quedado desorientada, en medio de ese inmenso desierto que era su vida. El mundo se construía cara al futuro, pero ella no veía más allá de su propia miseria. Torpe y sumisa, era arrastrada por el movimiento, cada vez más veloz, de ese tren. No había forma de apearse. La muerte no era una opción y sus fuerzas eran insuficientes para detener ese torrente de deseos múltiples. Debía confiar, como nunca hasta ahora había hecho. Ser sombra de su pasado y cambiar toda su vida en ese viaje.
QUIERO EL DIVORCIO
Su pareja le ha dicho que ya no aguanta más, quiere la separación. Tal vez no es la primera vez que lo escucha, fruto de una discusión, pero ¿y si esta vez es la definitiva? Muchas veces hacemos caso omiso a estas “advertencias” y dejamos que el tiempo pase o que unas palabras cariñosas vengan a poner paz y después gloria. Pero, todos sabemos que las cosas se dicen por algo, si su pareja le pone de manifiesto que no está a gusto, que no quiere seguir en esas condiciones, tenemos que poner manos a la obra si no queremos que la relación se vaya al traste.
Tras más de diez años de experiencia en terapia de pareja he podido ver casos muy diferentes y no siempre la separación es la peor solución. Falta de comunicación, incomprensión, falta de libertad, disminución del deseo sexual, problemas psicológicos en algún miembro de la pareja, infidelidad… son algunos de los problemas más frecuentes. Si hacemos un examen superficial de lo que puede ser una vida de un ciudadano medio vemos que la felicidad individual es un estado que choca, en muchas ocasiones, con los intereses de las personas allegadas. Tomando las palabras de un gran poeta: La libertad individual no es un bien de la cultura, pues era máxima antes de toda cultura. Es cierto que el desarrollo individual y social ha deparado, cada vez, nuevos y mayores compromisos, restricciones de la libertad personal y una limitación de los placeres inmediatos, muchas personas son incapaces de soportar tales límites y caen presa de la insatisfacción y/o neurosis. Otros muchos, aceptan la relación coste-beneficio y entienden que todo progreso conlleva la asunción de nuevos pactos, la transformación de ciertos valores y tendencias personales, lo que podemos entender como progreso.
En este sentido, para muchos vivir en pareja o tener hijos se ha convertido en un peso que se arrastra día a día y se vive con cierta insatisfacción. Muchos siguen anhelando una libertad que sólo pueden otorgarse ellos mismos, un ideal de satisfacción que no siempre es el más adecuado. Esta tendencia al individualismo que anida en todos nosotros nos impide, en muchas ocasiones, pactar y compartir con otros. No se trata de encontrar la media naranja que piense como tú, porque no la hay. Se trata de encontrar a personas compatibles, aprender a amar esas diferencias y desarrollar la tolerancia y la capacidad de respetar la vida del otro. Sí, claro, por encima de todo está uno mismo, eso no se puede olvidar, pero una vez que formamos una pareja, tenemos que sumarle a nuestra vida esa nueva complejidad, no estamos solos. Si alguna vez había pensado que su vida sólo es de usted, se equivoca, su vida influye en muchas personas y eso debe ayudarnos a tomar decisiones más sociales.
No existe la clave del éxito en la vida y en la pareja, pero sí existe, y es fundamental, la posibilidad de ponernos a trabajar en la persona que somos, desarrollar las potencialidades que anidan en nosotros. Nadie nos enseña a vivir, cuándo hablar, cuándo callar, cómo amar de forma saludable… El ser humano no viene hecho, es una construcción que nos va a llevar toda la vida, por tanto, si tiene problemas con su pareja, no espere a que el vaso rebose, es tiempo de una reflexión, de un cambio, de un uso diferente de los recursos. La vida, en realidad, es una conversación.
QUÉ ES POESÍA
Quien ha viajado algunas horas de su vida, o muchas, en los libros de los grandes poetas, sabe reconocer la perdurabilidad y belleza de un poema. Un lector no está previamente hecho, se forja a través del trabajo, de la selección, del desarrollo de los criterios estéticos. Yo misma he tardado años en emocionarme con un poema que era grande para otros, pero aún no había llegado a serlo para mí, eso no habla mal del poema, habla de la lectora que era.
Hoy en día resulta moderno e intelectual definirse como poeta, sin tener en consideración la complejidad y la esclavitud de dicho término. No se elige ser poeta, la poesía te atrapa y te hace trabajar para ella, por eso son muy pocos los que se entregan y pueden acompañar su nombre con un libro de poesía.
Quiero decirles que en primer lugar hay que aprender a leer poesía, descubrir a los grandes autores y discriminar cuáles son sus mejores poemas, eso pueden hacerlo muy pocas personas. La mayoría confunde lo que parece un poema con un poema. La rima con lo poético. La verdadera poesía se distingue porque habla al corazón de las cosas, sin adornos, sin explicaciones, es atemporal y no distingue de culturas ni clases sociales, no es tendenciosa ni se pliega a ningún poder imperante. Los poetas no buscan llenar sus paredes de premios ni adulaciones, pues el mayor reconocimiento es que lo escrito traspase la frontera del tiempo y sea reconocida por otras generaciones.
Podría preguntarle ¿ha leído alguna vez un verdadero poema? ¿conoce algún poeta? No se olvide, querido lector, que los libros si no se leen no sirven para nada. Lea, no adorne sus estanterías. Llene su vida de poesía. Conozca a César Vallejo, Vicente Huidobro, Rafael Alberti, Federico García Lorca, Vladimir Maiakovski, Miguel Oscar Menassa, Raúl González Tuñón, Olga Orozco, Gabriela Mistral, Carilda Oliver Labra, Césare Pavese… y luego podrá acercarse con otros ojos a los escritores contemporáneos. Para que haya futuro no nos podemos olvidar de lo ya producido.
HAY HOMBRES QUE NO SABEN
Hay hombres que no saben, que se lo digan al director del FMI, Dominique Strauss-Kahn, que ha cambiado su habitación de hotel de 3000 dólares por una celda en una cárcel neoyorkina. Muchos hombres siguen pensando que un no femenino es un sí tímido. Muchos creen que conquistar a una mujer es asaltarla, invadirla con sus propuestas, insistirle y que sus negativas son signo de frigidez, no de determinación y libertad.
Decir esto no niega que hay hombres sensibles, considerados, que saben observar a una mujer, interesarse por sus cosas, esperarla, conversar con ella. Hay hombres que fascinados por una fémina se acercan a su realidad, se incluyen en ella y así van conquistando ese lugar en el deseo femenino. Sin embargo, son los menos.
Sirva mi experiencia como observadora, como profesional y como mujer para explicarlo. Pongamos el ejemplo de las redes sociales, facebook, medio para establecer contactos profesionales y también personales. Muchos hombres se basan en una fotografía para entrar en contacto con una persona, mujer. No consideran los datos en los que se indica que sólo desea contactos profesionales, tampoco si utiliza el perfil exclusivamente para informar de sus actividades. Ellos ven una mujer y creen que es una mujer. Esto da lugar a conversaciones de besugo donde una les intenta explicar que la amistad se produce, no puede obligarse a nadie a ser tu amigo; que no tienes por qué dar información de tu estado civil, que no estás ahí para chatear, que si está interesado por alguno de tus servicios puede proseguir la conversación y, de no ser así, mejor dar por zanjado ese contacto inconsecuente que sólo busca ligar con una desconocida.
Está claro que los hombres de hoy en día no son como los de antes, afortunadamente. Muchos han logrado conquistar ciertas parcelas de la vida familiar, sensibilidad afectiva y un aire diferente en la estética y la higiene. Pero no me pueden negar que los hombres de ahora, muchos de ellos, se han vuelto un poco torpes. Han perdido la capacidad de ser constantes, se quejan del trabajo y se desalientan cuando no obtienen lo que quieren a la primera de cambio. ¡Qué mundo este! ¿Dónde ha quedado la persistencia, el espíritu de conquista varonil? Confunden una imagen de mujer con una mujer, es decir, no consideran que una mujer en el ámbito profesional no es una mujer, que una jefa no es una mujer, que una cosa es la imagen y otra la función que cada uno desempeña en cada momento.
Chicos, ¡despertad! Tenéis que aprender a interpretar las situaciones, a diferenciar los distintos roles de las personas, ser mujer no quiere decir estar al servicio de los deseos de los hombres. Nosotras tenemos mucho que decir, uno no liga si la otra no quiere. Para hablar tenemos que desearlo los dos. Para ir a la cama, también. La mujer del siglo XXI no es una mujer objeto al servicio del deseo del varón, es una mujer sujeto de sus deseos, una mujer trabajadora, con libertad para decidir y que establece relaciones más equitativas con los hombres.
LA FOBIA. UNA SALIDA A LA ANGUSTIA.
¿Vivir sin angustia? Imposible.
La angustia es la primera una reacción ante el peligro, un daño temido procedente del exterior; sin embargo existe una angustia, que podemos denominar angustia neurótica, donde se muestra como reacción ante algo enigmático e inadecuado. Como todos sabemos, de un peligro exterior se puede escapar con la huída, pero de los peligros interiores no podemos escapar. No es posible vivir sin angustia porque, como estamos viendo, es un mecanismo adaptativo necesario para la vida, sin embargo vivir angustiado es terrible e injustificado.
Cuando hablamos de una persona angustiada nos estamos refiriendo a alguien que no sabe por qué se siente así, no controla su malestar y este le domina. La angustia es el único afecto que no engaña, no tiene objeto. La angustia indica "ahí está tu deseo". La angustia no es ocasionada por la pérdida de algo sino, al contrario, por el llenado, el demasiado lleno que invade al sujeto. La angustia señala la proximidad del goce.
La fobia es una protección contra la angustia. Los síntomas se forman para impedir el desarrollo de la angustia. Ante esa angustia interior el fóbico encuentra una salida en la producción del objeto fóbico, evitando ese objeto evita la aparición de la angustia.
La angustia de la fobia es condicional. No aparece sino ante la percepción de su objeto, puesto que sólo entonces existe el peligro. El objeto fóbico viene a hacer de muralla al goce, es un significante que protege al sujeto del acercamiento al deseo. La verdadera función de la fobia está en sustituir al objeto de la angustia por un significante que provoca temor.
El fóbico es un especialista en evitar cualquier variación, el más mínimo cambio lo sumerge en la angustia. Poco a poco va limitando su vida. Las fobias pueden ser muy incapacitantes para el que las padece: a veces no puede salir de casa, no puede trabajar para ganarse su sustento, de tal manera que queda en total dependencia económica. No existe una relación directa entre el miedo y el objeto de la fobia, simplemente juega un papel simbólico para mantener la angustia a raya.
Las neurosis en general, y las fobias en particular, son hechos mezquinamente solitarios, no quiere esto decir que los que enferman de ello sean culpables, ellos no sabían que su destino era padecer una fobia, simplemente no querían saber nada de otra cuestión.
METER LA PATA
Metí la pata, ¡cuántas veces lo habremos dicho! Le dijiste algo a quien no debías, te pasaste de entusiasta y acabaste arrepintiéndote. Muchas veces cometemos “errores” por desconocer las costumbres o normas implícitas en ciertas relaciones. Hasta que no ocurre la primera vez no puedes saber qué piensa esa persona, si es reservada, si no lo es, si se lleva bien con fulanito o no. Las personas no venimos con un manual debajo del brazo y todos somos muy diferentes.
Es común, por cierta ingenuidad o torpeza en las relaciones, querer aglutinar en una misma reunión a varias personas, luego te das cuenta de que no pegan ni con cola o simplemente no quieren compartir ese nuevo contexto. El deseo de pasar un buen rato no te deja ver que no todo el mundo es igual, que existen los celos, la envidia, las clases sociales, el tráfico de información, el qué dirán… Qué complicado parece esto de estar bien con todos. Si te dejas llevar por lo que te apetece, puede que a otro le siente mal. Si actúas según los cánones establecidos acabas sintiéndote incómoda porque se vuelve una obligación algo que comenzó de una forma espontánea. No podemos vivir dándole siempre vueltas al coco, calculando cada paso que damos. No podemos saber de antemano qué espera el otro y si le sentará bien. Después de actuar es cuando podemos valorar los resultados y, esto muchas veces tiene su precio.
No siempre un perdón, una disculpa por nuestra torpeza o desconocimiento es bien acogido. Hay personas que no pasan ni una y si no eres de ellos estás contra ellos. En realidad, deberíamos ser más tolerantes, permitir que las personas nos vayamos conociendo. Con el tiempo, con las experiencias vividas mutuamente acabamos conociendo a los otros y sabiendo qué darle a cada uno.
EL INSOMNIO
Valeriana, tila, dormidina, antidepresivos, valium, baños calientes, escuchar música relajante, cannabis… Son muchas las personas que tienen problemas para conciliar o mantener el sueño, para evitarlo prueban infinidad de remedios, sin que ninguno de ellos resulte efectivo.
Decía Freud que al acostarse, se despoja el ser humano de las envolturas que encubren su cuerpo: gafas, maquillaje, dentadura postiza, ropa, etc. y obra del mismo modo con su psiquismo, volviendo, en cierto modo, al punto de partida de su vida. Cuando dormimos nos retraemos del mundo exterior, cesa nuestro interés hacia él.
Está claro que nuestro organismo necesita el descanso, pero lo importante no es dormir unas determinadas horas, sino que el sueño cumpla con cierta calidad, que permita nuestro correcto funcionamiento en las actividades diurnas. Hay que saber, sin embargo, que el aparato psíquico no para. El cuerpo necesita recargarse pero el psiquismo sigue activo, también durante el sueño.
Soñar, más allá de lo que podríamos pensar, cumple una importante función, según el fundador del Psicoanálisis el sueño es el guardián del reposo. Es la señal de que ha surgido algo que tendía a perturbar el descanso y se ocupa de que sigamos durmiendo. El gran descubrimiento del Psicoanálisis es que todo sueño es la realización disfrazada de deseos, una realización que se revela tras la interpretación psicoanalítica.
La censura que en la vida despierta evita que acudan deseos prohibidos a la conciencia, disminuye mientras dormimos, lo que posibilita que dichos deseos intolerables puedan manifestarse a través de los sueños. Precisamente por ello, cuanto más fuertes sean las cargas pulsionales inconscientes, más inestable se torna el dormir.
Pasar una mala noche no debe llamarnos la atención, pero pasar una detrás de otra sin dormir puede interferir en nuestra vida cotidiana. Cuando la imposibilidad de conciliar o mantener el sueño se prolonga más allá de tres semanas el problema tiene nombre: insomnio. Es un padecimiento muy frecuente, más del 20% de los españoles pasa la noche en vela y el día entre bostezos.
El insomnio no es una enfermedad, más bien es un síntoma. La mayoría de las personas lo sufre de forma transitoria por un problema familiar, estrés, el jet lag, el turno laboral o el consumo de ciertos fármacos. Sin embargo, el insomnio crónico dura más de tres semanas y puede deberse a trastornos de origen psíquico como depresión o a enfermedades orgánicas como patología cardiaca, asma, reflujo gastroesofágico, alguna enfermedad reumática o parkinson.
Además de las consecuencias que ocasiona el no dormir, como somnolencia diurna, malestar general, disminución de la concentración, disminución del estado de alerta, aumento de la irritabilidad; ha de interesarnos el hecho de que para muchas personas no dormir es un modo de evitar los sueños. Ellos son los encargados de mantener el reposo, pero también nos muestran importantes deseos inconscientes que no percibimos durante la vida despierta.
El silencio de la noche, permite el egoísmo del sueño, en el que todos sus personajes son el propio durmiente. Para dormir, sin embargo, es necesario pactar con ese lenguaje onírico, permitirnos hablar más allá de nuestro control. Los sueños son una forma de expresión que escapa a los prejuicios de la conciencia y muestra una parte de nosotros mismos que desconocemos.
Fármacos y técnicas diversas se muestran insuficientes para salvarnos de nuestros desvelos. Nadie está a salvo de sus propios deseos. Las pesadillas o sueños de angustia que se nos hacen intolerables e interrumpen el dormir, no son sino sueños en los que el deseo inconsciente no está lo suficientemente deformado y, esa cercanía a su conocimiento, nos obliga a despertarnos. La angustia nos avisa de la cercanía a un deseo, más que obligarnos a dormir de cualquier forma, hay que reconciliarse con los deseos inconscientes, de esa forma más estable será el dormir. O no se han dado cuenta de que cuando uno está a gusto consigo mismo, duerme a pierna suelta.
USTED NO AYUDA
Muchas veces se ha planteado tomar medidas, dar un paso para conseguir esos propósitos que hace tiempo viene planteándose. Luego son agua de borrajas y el tiempo pasa como si nada. Esta vez ha sido diferente, algo en usted ha encendido esa lucecita que le indica que es el momento, que ya no aguanta más. Puede que en su caso se haya decidido a apuntarse al gimnasio, iniciar esa dieta que tanta falta le hace o tal vez se animó a pedir, por fin, cita con el psicoanalista. Lo más difícil está hecho.
Ahora el trabajo es comenzar y mantenerse el tiempo necesario, sin desanimarse, hasta alcanzar el objetivo. Esto no es nada fácil. La mayoría de las veces somos nuestro mayor enemigo. Si ya nos costó dar ese primer paso, ahora el problema es que la mayoría de las veces abandonamos en estas primeras fases. Al ser humano nos cuesta poner de nuestra parte para generar los cambios que nuestra vida necesita, movernos del apoltronamiento al que tan fácil es acostumbrarse. Todos recordamos esa frasecilla de “más vale malo conocido que bueno por conocer” y que nos engaña tantas y tantas veces. Creemos que el mundo es injusto, pero no necesitamos a nadie que nos ponga la zancadilla, ya estamos nosotros para ello.
Los profesionales estamos para dar esa energía y esos ánimos que a veces escasean, pero es imprescindible su ayuda para que podamos hacer nuestro trabajo. ¿Qué sería un psicoanalista sin pacientes? Me tengo que ocupar de estar en mi sillón escuchándole, pero usted no debe descuidar su compromiso que se va forjando a través del tiempo, como las cosas importantes de la vida. Es cierto que la sociedad actual nada ayuda, ya que nos educan en ideales donde el concepto de trabajo muchas veces brilla por su ausencia. He de tener la paciencia que nadie tuvo con usted, los ánimos que a veces a usted le faltan, pero no me lo ponga tan difícil. No puedo ir a su casa a buscarle, no puedo convencerle de lo que no está previamente convencido. Me acuerdo ahora del aforismo: “No es bueno esperar que las cosas vengan del cielo, no es bueno esperar que otro haga por mí lo que ni siquiera yo soy capaz de hacer”, qué razón tiene, si uno no pone de su parte nadie podrá ayudarle.
Debe saber, no obstante, que estructuralmente esto ocurre. La Humanidad no acepta gustosa ningún paso, recordemos cuando se quemaban a los más eminentes científicos por contradecir con sus ideas la moral vigente. Ahora es usted el que a veces quema sus posibilidades de crecimiento, el que se cierra las puertas al bienestar, el que me niega la posibilidad de ayudarle en el largo camino que es la vida. Pero aquí seguiré, en mi sillón, trabajando, porque algún día volverá a darse esa oportunidad, porque algún día sus fantasmas llamarán de nuevo a su puerta y esa vez no podrá soportar su soledad. Si lo necesita, ahí estaré.
LA SOLEDAD NO ES ESTAR SOLO
Para un hombre culto la soledad no existe o cuando existe es vicio o altura,
nunca sufrimiento, nunca espera de nada.
Miguel Oscar Menassa
Cuántas veces habremos oído la frase: “tengo miedo a estar solo”. No cabe duda de que somos seres sociales y necesitamos de los demás para constituirnos a nosotros mismos, no sólo para cubrir nuestras necesidades de afecto y desarrollo personal, sino también para afianzar nuestra autoestima. Este miedo a la soledad parte de nuestra dependencia infantil, nos sumimos en el temor a ser abandonados hasta que constituimos la presencia del otro en su ausencia. Las personas no sólo existen cuando están, también cuando no están. El gran problema de muchas personas es que se sienten solos porque aniquilan al otro en su fantasía. Decir “estoy solo” es como decir nadie existe y esa negación es la que nos enferma.
Una vez que el ser humano se da cuenta de su finitud, de que su existencia está encaminada a este acontecimiento, nace la preocupación por el ser. Es la muerte la que le va a dar verdadero valor a la vida. Son los límites los que nos permiten vivir de una forma saludable. Cuando entendemos que las relaciones también han de tener sus límites amamos con más libertad, pero no todos somos capaces de aceptarlo. Todas las relaciones de extrema dependencia son relaciones condenadas al fracaso y a la agresividad. Cuando entiendo que el otro es una posesión soy capaz de encerrarlo con tal de no perderlo, ahí no hay amor. El amor es amor a un objeto, hace del otro un objeto, con lo cual entra en juego el régimen de propiedad, hace individualistas, mientras que el deseo no desea objetos sino que desea deseos, hace sujetos deseantes, sujetos que saben que la soledad no existe, o se vive entre otros o se vive entre fantasmas.
Este temor no es nada nuevo, pero es cierto que las sociedades modernas, a pesar de los avances técnicos, fomentan el aislamiento y falta de comunicación. Nos han educado en el consumismo sin límites, pero no nos han enseñado a relacionarnos con otras personas. Nadie nos dijo que comprometerse con otros es lo que genera autoestima y bienestar, que elegir nuestros compromisos es el mayor grado de libertad. Somos caldo de cultivo para el egoísmo y la envidia. Amamos al otro para utilizarlo en la satisfacción de nuestras necesidades, para no estar solos, pero no hemos aprendido a conocer al otro en su verdadera dimensión. Cuando amamos por necesidad es cuando vivimos con miedo a ser abandonados. Podríamos preguntarnos por qué tantas parejas que ya no se aman y aún así siguen viviendo juntos. Es clara la respuesta, por miedo a la soledad. No saber arreglárselas con la propia soledad se convierte en un problema para vivir, acabas viviendo con cualquiera.
En muchas ocasiones hay un temor previo, el temor a arriesgarse, a dar y no recibir, tememos equivocarnos y por ese motivo no emprendemos nuevos proyectos y relaciones. Pero como dice el poeta Miguel Oscar Menassa “En las relaciones intersubjetivas, lo único que se arriesga es un poco de seguridad y un poco de dinero; el resto, ganancia, todo humano”. Hay que arriesgarse a ganar. Las relaciones sociales no se buscan, se encuentran en el camino del trabajo, de las aficiones, de los compromisos. Cuando alguien que se siente solo me pregunta cómo puede hacer amigos siempre le digo que los amigos se encuentran indirectamente: “Apúntate a algún curso, practica el deporte que te gusta, sal al mundo y ahí producirás relaciones. Hay que repetir el acto para encontrar a personas que también tengan esa afición”. No hay edad para las relaciones sociales, seamos jóvenes o mayores todos necesitamos de otras personas para sentirnos vivos y si algo te impide estar con otros, acércate a ellos a través de los libros, la televisión, el teléfono, internet.
También están esas otras personas que lloran por las esquinas porque se sienten solos, ¿no será que no saben amar? Hay que aprender a amarse para luego amar a los otros. El sentimiento de soledad está relacionado con el aislamiento, la noción de no formar parte de algo, la idea de no estar incluido en ningún proyecto y entender que a nadie le importamos lo suficiente como para pertenecer a su mundo. Se puede interpretar la soledad de dos maneras: estar solo o sentirse solo. Estar solo es un hecho común para todos, no siempre estamos acompañados. Esta experiencia de soledad se puede disfrutar mucho y suele ser muy constructiva. Sentirse solos es diferente, porque uno se puede sentir solo también en compañía, en ocasiones no nos sentimos a gusto con las personas que nos rodean. El sentimiento de soledad, tiene que ver con no haber forjado una escucha o haber perdido una escucha. A veces este sentimiento acontece ante una separación o ante la pérdida de un ser querido, quién no ha vivido una situación como esta a lo largo de su vida. Cuando uno se encuentra bien, no importa llegar a casa y estar solo, porque nos sentimos acompañados de todas nuestras relaciones y compromisos. Vivir solo puede ser una buena opción de vida, pero no puede hacerse si no gozamos de unas buenas relaciones sociales, si no gozamos de una buena salud social.
La cultura nos permite no sentirnos solos jamás. Es cuando sólo nos escuchamos a nosotros mismos que entramos en ese vacío de la soledad. Cuando abrimos un libro, escuchamos a otros, otras vidas laten conmigo, es imposible sentirse solo.
Recostada en el diván ella recorría entre palabras los momentos más duros de su vida. Se sentía terriblemente sola, todo lo que quería había muerto, hasta sus ilusiones. El primer día que la vi era como un fantasma, un ser sin alma que buscaba el aliento necesario para seguir viviendo. Sola, en una vida tejida a través de los años, no sólo no tenía con quién hablar, sino que no tenía para quién vivir.
La soledad invadía todos los espacios, del trabajo a casa y de casa al trabajo, así transcurría su vida desde que él había puesto punto y final a la enfermiza relación que mantenían desde hacía años. Desde la muerte de sus padres, ella había volcado todas sus esperanzas en esa relación de pareja. No le importaban las amistades ni ocupar su tiempo libre. Él llenaba su mundo, ya no necesitaba más. Perderlo no estaba en sus planes. El mundo se le vino encima el día en que hizo las maletas y se marchó para no volver.
Los colores que antes llenaban su vida se volvieron oscuros. La última puerta a la felicidad se había cerrado para ella. Para él vivir con una persona así se le había hecho insoportable. La dependencia era tal que le faltaba el aire, ella no daba opciones, empobrecieron su vida hasta el extremo de que en el mundo sólo estaban ellos dos, todo lo demás vacío. Ahora ella estaba sola. Apostó a un único número y lo perdió todo. Había aniquilado de un plumazo toda la humanidad. Ni el trasiego de la ciudad conseguía hacerle sentir que había otros. Estaba encerrada en sí misma, en su propia cárcel.
Desde un principio, parecía que yo no existía para ella. Hablaba para sí misma, no daba lugar a mis intervenciones, apenas había cruce de miradas. Con el tiempo fue derribando los altos muros que había construido y fue dejándome entrar, alguna sonrisa, algún gesto de complicidad. Un día llegó a decir que se había puesto ese vestido para estar guapa para mí. Parecía ilusionada por sus sesiones, por contarme su vida cotidiana y, también, empezaba a tener alguna ilusión de futuro. Pequeños destellos de luz dejaban entrever un mundo más rico que ese pequeño en el que ella había vivido tantos años.
Un día llegó a la consulta irreconocible, sonreía de lado a lado de la cara. Se había inscrito en la universidad y empezaba las clases con ganas. Tenía ganas de tener compañeros, tener horarios, moverse de su anquilosamiento. Hacía dos meses que había retomado una relación de amistad con una compañera de la infancia, quedaban de vez en cuando para tomar café, ir de compras. Hacía años que habían roto el contacto y no sabía por qué. Empezó a entender que la relación de pareja no era ninguna solución para su vida. “No es bueno amar como si el otro fuera la única persona del mundo” –dijo. Escuchar esas palabras de su boca ya eran un gran paso.
Ya no temía a la soledad, había abierto tantas puertas que ni vivir sola ni estar soltera le hacían sentirse única ni abandonada. Tenía amigos que la querían, tenía personas a las que querer y tenía un fuerte compromiso con su psicoanálisis. Había entendido que un libro basta para estar con otros, que son los compromisos los que te hacen vivir, que comprometerse no era entregar tu vida al primer postor.
LOS SUSPENSOS, ¡QUÉ HORROR!
-¿cómo ayudar a tus hijos?-
Llegó el verano y también las dichosas notas. Muchos son los disgustos que padres y madres se llevan porque sus hijos han suspendido o tienen que repetir curso. ¿Qué han hecho mal? ¿Por qué su hijo o hija ha fracasado este curso? ¿Cómo ponerle remedio a esta situación?
Los suspensos no se producen de un día para otro. Muchas son las ocasiones en las que los profesores dan aviso a los padres de que algo no marcha, que el alumno se está despistando, pero si no se hace algo a tiempo, si no se “da con la tecla” el resultado final ya vemos cuál será. Pocos son los que puedan decir que nunca han suspendido a lo largo de su vida estudiantil. A todos se nos puede atragantar una determinada asignatura o un profesor, o podemos pasar por una mala racha. Esto no es grave. Saber levantarse tras un tropiezo es un buen aprendizaje, pero OJO, a veces no aprendemos, seguimos cometiendo los mismos errores, no nos dejamos ayudar por nadie, abandonamos aquello que nos parece difícil y buscamos lo que parece fácil y asequible. ¡Qué error! En la vida nada es fácil, en cualquier camino hay que saber luchar, permanecer, hay que dar algo a cambio para obtener resultados. De esto se puede extraer que no hemos de asustarnos porque nuestro hijo o hija haya dado un tropezón en el curso, pero hay que valorar si hay que hacer algún cambio.
En primer lugar, no hay que tomar actitudes como la del padre que agredió a su hijo a la puerta del colegio nada más ver las notas. Recriminándole sólo conseguirás alejarlo de ti, evitarás que pueda confiarte sus preocupaciones y dificultades, le harás sentir que su compromiso de estudiar es sinónimo de castigo, obligación, sacrificio. Hay que reconocer que muchos adultos admiten que trabajan porque no le queda otro remedio, pocos, muy pocos reconocen la dignidad que les reporta trabajar. Eso va calando en nuestros hijos y sembramos en ellos la idea de que ojalá alguien o algo les libre de estudiar. Si castigamos al chico o la chica a estudiar, si le privamos de sus actividades favoritas, le estamos asociando el estudio a algo negativo, le educamos en que hay que elegir, no le enseñamos a sumar. El mayor legado que se le puede dar a un hijo es enseñarle a que la vida es sumar las obligaciones, las pasiones, los compromisos, los errores, los aciertos. La moral habitual es “o quieres a papá o quieres a mamá”, “o esto o lo otro”, “si quieres a María no puedes querer a Carmen”, “o te gustan las matemáticas o te gusta lenguaje”. ¿Por qué? Nuestro psiquismo está diseñado para ir incorporando, uno sobre otro, los aprendizajes, los gustos, los deseos. No son excluyentes. Uno puede querer a varias personas, tener varios gustos, estudiar y luego jugar, sin que ello implique tener que elegir abandonar una cosa por otra. Por eso, a veces, los chicos están confusos porque están mal educados.
Hay que tomar actitudes constructivas ante la noticia de unas malas notas. Hablar con los profesores, cosa que no sólo hay que hacer a final de curso; es importante que padres y madres participen durante todo el año en la educación formal de los chicos, que tengan un diálogo abierto con los docentes y que sepan valorar su autoridad respecto al hijo. Evaluar en qué asignaturas flaquea, si se trata de falta de hábitos de estudio, falta de atención, una actitud equivocada ante el profesor y los compañeros, etc. Las clases de apoyo pueden ser una herramienta, pero no siempre son suficiente. Si el alumno no interioriza la importancia de estudiar, si no se le hace atractiva la tarea, si no se le genera un compromiso diario con el estudio, es muy difícil que a lo largo de los años escolares pueda alcanzar con éxito las exigencias escolares. Todos hemos sido niños y sabemos lo apetecible que es ver la televisión, jugar con los videojuegos o con los amigos, bajar a la calle, pero si los padres no realizan una labor diaria para ayudarles a realizar sus tareas, si les basta con decir “Joselito, vete a estudiar”, “apaga la tele y a estudiar”, “no des más el coñazo, ¿has hecho los deberes?”. Si sólo nos acordamos de los estudios para recriminar al niño, eso es lo que irá aprendiendo, a que es una imposición externa. La educación es un derecho, es necesaria para la evolución personal y social. El avance de una sociedad se mide en el progreso cultural de sus miembros. Si no empezamos a invertir tiempo y dinero en leer y escribir, cómo vamos a querer vivir en una sociedad avanzada.
En otras ocasiones encontramos familias donde se ha hecho todo lo posible, profesores particulares, academias, realizar las tareas con el niño, sin embargo no hay forma de que estudie, de que comprenda, de que se interese por los libros. Hay circunstancias donde los padres no se explican por qué ese bajón en las notas, qué ha pasado para que empiece a suspender. En muchos casos de fracaso hay enmascarado un proceso depresivo en el niño. Cambia de actitud, de gustos, no muestra el mismo interés que antes por las cosas, a veces se le ve triste, pero muchas otras veces no. Los procesos inconscientes no se muestran directamente, sólo sabemos de los cambios que alguien experimenta por las consecuencias, ya sea un suspenso, una agresividad que ahora manifiesta, un cambio de amistades, falta de energía, etc. Por eso, es muy importante diagnosticar si nos encontramos ante un caso que requiere apoyo escolar y cambios de hábitos, o si nos encontramos ante un caso de cambios emocionales en el niño o la niña, cambios que responden a una dificultad en su crecimiento, pero que pueden acabar instándose en su personalidad y llevándole a un fracaso escolar y el posterior abandono de los estudios.
Los jóvenes responden muy bien a cualquier intervención que les ayude a comprender, que les permita elaborar los procesos de cambio que están viviendo y reoriente sus nuevos intereses de una forma adecuada. Los padres tienen un papel fundamental en el proceso terapéutico, no en vano los hijos viven inmersos en la dinámica familiar y si los padres no son partícipes, estaremos realizando un trabajo en vano. Las lágrimas no sirven para nada. Ante los suspensos hay que ponerse manos a la obra, con entusiasmo, con buenas intenciones. Hijos y padres se enfrentan este verano a un tiempo de cambios para que el inicio del nuevo curso se presente con un pan debajo del brazo.
“ODIO A LOS HOMBRES”
“Ellos son así, traicioneros, infieles por naturaleza, te embaucan y luego te dejan tirada a la primera de cambio”. Cuántas veces no habremos escuchado esto, mujeres resentidas por alguna mala experiencia sentimental o, simplemente, prejuicios sobre el sexo opuesto. Todos tendemos a generalizar alguna que otra vez, pero las verdades como tales, cuando se trata de los seres humanos, no existen.
¿Por qué una mujer puede llegar a decir que odia a los hombres?; ¿puede llegar a ser tan negativo un desengaño amoroso como para poner punto y final a toda oportunidad de enamoramiento?; ¿son todos los hombres iguales?; ¿por qué poner las esperanzas de felicidad en ellos?; ¿acaso son los que nos tienen que proveer de todo?; ¿si una relación sale mal, todas tienen que salir mal?
Cuando se trata del amor entre hombres y mujeres hay muchas ideas preestablecidas, cada uno tiene unas expectativas diferentes que no siempre concuerdan con la realidad. Hombres y mujeres no tienen las mismas necesidades ni tampoco la misma forma de satisfacerlas. Lo que podría ser complementario, muchas veces queremos que sea idéntico, cosa que es imposible. La mayoría de los malentendidos se producen porque no asumimos la realidad de las relaciones amorosas, no se diferencian tanto del resto de relaciones humanas. Tiene que prevalecer el respeto, la educación, el derecho a la intimidad, los gustos propios. Sinceramente, todos podemos reconocer que en pareja la mayoría de estas cosas no se respeta. Existe la tendencia a pensar que tener intimidad es engañar al otro, que si hay proyectos individuales estos irán en detrimento de la relación, que la confianza es mostrarse ante el otro tal cual uno es, es decir, con todos los defectos. Es el principio del fin.
Al igual que podemos hablar teóricamente de cierto desprecio a lo femenino en los hombres, ya sea por desconocimiento de nuestra propia naturaleza o porque en muchas ocasiones sólo hemos sido objeto y no sujetos del deseo; en muchas mujeres también anida una hostilidad hacia los hombres que podemos ver en muchas actitudes feministas. Muchas mujeres atribuyen al varón una vida más fácil y asequible, como si a ellos el pan y el reconocimiento les cayera del cielo sin ningún trabajo previo. Hay que reconocer que si el hombre ha alcanzado algún prestigio social ha tenido que invertir horas de trabajo, dinero y sacrificar muchos momentos amorosos y de ocio. Sin embargo, si queremos alcanzar un lugar equivalente al de muchos hombres, tendremos que tomar un camino equivalente, que no igual, porque el que repite lo hecho jamás lo alcanzará.
Ellos también tienen que abandonar la casa materna para conquistar un mundo nuevo y desconocido, también aman y preferirían quedarse en brazos de su enamorada, ellos también dejan a los hijos con dolor para ir a trabajar. Su mundo lo tienen que hacer con sus propias manos y, muchas veces, construyen parte del mundo de la mujer con la que comparten la vida. ¿Reconocemos las mujeres la generosidad que muchos hombres han tenido con nosotras? Hablamos del trabajo doméstico, de la ardua labor del cuidado de los hijos, pero digno es reconocer que ellos también hacen algo por la familia. Tal vez, unos y otros tengamos que aprender cosas del mundo femenino y del mundo masculino, tal vez no existen medias naranjas, sino medias vidas y a lo que deberíamos aspirar es a ser dos naranjas, tener vidas completas.
Cuando hacemos del amor el centro de todas las cosas, no tenemos en cuenta que, como decía Freud en su texto “El malestar en la cultura”: jamás nos hallamos tan a merced del sufrimiento como cuando amamos; jamás somos tan desamparadamente infelices como cuando hemos perdido el objeto amado a su amor. Diría que esa es la base del resentimiento de muchas personas cuando, tras una ruptura sentimental, afirman no querer probar nunca más esa medicina. Si esperamos que el amor nos genere la felicidad que nos tiene que dar el trabajo, las relaciones sociales, los proyectos sociales, no sólo nos quedaremos sin amor, sino que además, nos sentiremos profundamente defraudados. Si no proyectamos nuestro futuro, no podremos ser felices. La felicidad es la realización de un trabajo, en conjunto entre dos o más personas. Y si no, no hay felicidad. El resentimientoy el odio no pueden ser buenos compañeros de vida, tenemos que reconocer los errores propios cometidos en la relación de pareja, parte de responsabilidad tenemos en ese fracaso y estar abiertos a nuevas personas, no porque sea necesario tener pareja para vivir, pero sí es necesario amar a otros para vivir. Vivir acompañado no es un consejo, es la única manera de vivir.
SIN PENSAR EN EL FUTURO NO SE PUEDE VIVIR
Comienzo a psicoanalizarme, no para curar ninguna herida pasada,
sino para vivir mejor los años futuros.
M.O.M.
Podemos leer en la prensa de estos días un artículo que nos habla de que la mayoría de los jóvenes que quieren retomar los estudios se quedan en el camino, sólo el 20% de los alumnos que se presentaron en abril para obtener el Graduado en ESO aprobaron. Muchos de los que ahora han retomado los estudios lo habían abandonado por razones familiares y económicas, ya sabemos que muchas familias requieren que arrimemos el hombro a la economía familiar y no siempre estudiar ha estado bien valorado. Esto, que como digo le ha pasado a muchas personas, es una causa cada vez menor, porque en estos momentos el principal motivo de abandono está en la desmotivación, la incapacidad de diferir en el tiempo el logro de objetivos materiales, la idea generalizada de que estudiar no te garantiza ningún porvenir.
¿Qué está pasando? ¿Es positiva la enseñanza obligatoria hasta los 16 años? ¿A quién le interesa una sociedad culta? ¿Todos vamos a ser intelectuales? Se me ocurren muchas preguntas que pueden ayudarnos a reflexionar un poco sobre estas cuestiones. Considero muy positivo y un logro social que se amplíe la edad de formación obligatoria, aunque entiendo que ello supondrá que un porcentaje de alumnos no se ajustará a esas condiciones. Esto, en lugar de constituir un fracaso, implicará el esfuerzo por parte de las administraciones en dotar de vías que ofrezcan una opción formativa diferente a esos alumnos, quiero decir, uno puede fracasar en una modalidad de enseñanza, pero puede ser un alumno motivado y de éxito en otro estilo formativo. Sabemos que no es fácil y que aún no se ha conseguido, que abordar la diversidad no sólo implica inversión, sino también considerar que somos semejantes aunque diferentes.
Respecto a quién interesa una sociedad culta podría decirles que a mí me interesa, yo deseo una sociedad con más cultura, donde los libros no sean un adorno en las estanterías, donde las conversaciones refieran a acontecimientos diferentes a la programación de la televisión, donde se valore el trabajo de las personas y no la fama efímera de algunos personajes. Ahí creo que está el problema principal, se ha creado una forma de vida que se mantiene por las mentiras, por la publicidad y el marketing. Hoy en día se crean personajes de la noche a la mañana por su simple aparición en un programa de televisión o por decir que ha mantenido una relación sexual con tal o cual persona. Se ha desvirtuado el valor de lo vocacional, ya no nos importa demasiado si nos gusta o no un trabajo, lo importante para la mayoría es si se gana dinero o no. La ley del mínimo esfuerzo se ha generalizado y ahora muchos están de vuelta, he ahí el ejemplo de las personas que se plantean retomar los estudios para obtener el graduado en ESO o que se inscriben en la universidad para obtener un título superior.
¿Es que antes no pudieron estudiar o no quisieron? No hace falta que responda, la alegría es que muchas personas retoman los libros, aunque eso no es suficiente para que sean personas con deseos de aprender, con interés en estudiar, con afán de progreso. Muchos reinciden en su desidia, apenas hincan los codos y si están ahí es con la ilusión de un puesto de trabajo seguro, si los hay. La cultura no está de moda, sigue siendo un deporte de minorías, cuesta organizar eventos culturales y contagiar de entusiasmo al público si no se le ofrece algún canapé al finalizar el acto. Así somos. Pese a ello, hemos de alegrarnos porque muchos se han dado cuenta del error, si no siembras no recoges. Hay que pensar en el futuro, el tiempo que muchos dedicaron en salir de marcha o ver la televisión, otros lo invertimos en estudiar, en crear nuestras empresas, en estudiar oposiciones y voilá aquí están los frutos. La mejor enseñanza que uno puede tener en la vida es darse cuenta de que sin pensar el futuro no se puede vivir.
NO SOY UNA MUJER
Varios títulos universitarios, una carrera profesional establecida y una trayectoria en expansión. Sin embargo, no es eso lo que brilla a otros ojos. Ellos ven el contorno de los labios, la voluptuosidad de una silueta, el corte de pelo o una juventud rebosante. Sus sentidos les engañan, sus prejuicios nos ofenden.
Qué fácil resulta a muchos ver una mujer donde no la hay, ya que si de negocios se trata lo sexual no entra en juego. Una cosa es un currículum y otra muy distinta una aventura amorosa. Una cosa una conversación ideológica y otra un piropo. Muchas se sentirán identificadas con esto que digo, porque lejos de aquellos personajes femeninos que venden su profesión a través de su imagen sensual, la mayoría de las mujeres profesionales distinguimos una cita romántica de un almuerzo de negocios, un escote provocador de un traje formal, una mirada atrayente, de un gesto de empatía. Pero muchos no saben distinguir “la o con un canuto” y creen que todo el monte es orégano.
¿Es un halago que se fijen en nuestra belleza o es una falta de respeto cuando no es la belleza la que está en juego? Creo que es sacar las cosas de contexto y llevarlas a un terreno que no hemos convocado. Muchos aún nos confunden con un objeto sexual, sin darse cuenta que nuestra presencia en la reunión, en la oficina o en el es en calidad de profesionales, nada que ver con ser hombres o ser mujeres. Cuando un hombre nos lleva por ese terreno no sólo genera nuestro rechazo, sino que además nos degrada de nuestra función, de nuestra inteligencia. Tratar a alguien como hombre cuando no corresponde o como mujer cuando se trata de una función diferente a la sexual, no sólo es un desprecio, también una grave confusión.
En la cama somos hombres y mujeres, cuerpos que se mezclan en función del deseo convocado. Pero en el trabajo somos profesionales que no queremos vivir de nuestros órganos genitales, sino de la inteligencia que hemos producido.
¿A QUIÉN LE INTERESA LA CULTURA?
¿Al librero que llena sus estanterías con los últimos éxitos editoriales?
¿A los políticos que nunca tienen tiempo para hablar con los poetas, los maestros, los músicos o los pintores, qué sólo tienen tiempo para los pelotazos urbanísticos y las fotos populistas?
¿A las grandes editoriales que sólo publican literatura barata?
¿A ti, a mí? ¿A quién interesa la cultura?
Podrás pensar ¿qué fue lo que le pasó a esta chica para hacerse hoy tantas preguntas? ¿Se habrá vuelto loca Helena después de ver las entrañas de la tierra en Alhaurín? ¿Se le indigestó algún libro o alguna conversación? Nada de eso, querido/a amigo/a, hoy me di cuenta de que la cultura no tiene cabida en lo institucional. Las agendas de los centros culturales, casas de la cultura, bibliotecas, están llenas de actividades populistas, que atraen al gran público, que no conmueven ninguna célula y que no se salen de lo políticamente correcto.
La tan conocida como “cultura popular”, a mi modesto parecer, causa sus estragos. La gente no lee nada, se lee a sí misma. Se regodean de sus experiencias infantiles, de sus amores frustrados, pero nadie leyó un buen poeta, nadie nombra a otro ser humano más grande que él. ¿Quién se acuerda de Lorca si no es para hablar de dónde está enterrado? ¿Usted se acuerda de Alberti, alguna vez lo leyó? ¿Conoce al gran poeta Almafuerte y sus sonetos medicinales que engrandan el espíritu? ¿Acaso lloró con los Heraldos Negros de Vallejo?
Yo he llorado con un buen poema, he alcanzado la más honda felicidad escuchando leer a los grandes poetas y he disfrutado leyendo mis poetas favoritos a otros oídos. Pero eso, ¿a quién le interesa? ¿Quién quiere que el pueblo sea culto? ¿A quién beneficia que haya buenos escritores en una ciudad? Está claro que a usted y a mí nos interesa y nos beneficia, pero no a los políticos, no a las grandes marcas comerciales, no a la “cultura establecida” donde sólo unos pocos son llamados personas cultas. A ellos no les interesa que nosotros leamos, que discriminemos entre buenos y malos autores, que desechemos la literatura barata y busquemos en las estanterías las grandes obras de la literatura universal. Si esto ocurriese, ¿quién les leería a ellos? los listos, los intelectuales de nuestro país, los que siempre hablan de lo mismo y con los mismos, los que aprendieron su formulilla y no les saques de ahí.
Yo no quiero eso, aunque no pretendo cambiar el mundo. Que siga, que sigan así, yo buscaré las rendijas de la jaula, los resquicios donde hay personas que sí quieren ser cultas, que sí quieren leer, que quieren conocer a Girondo, Octavio Paz, Aleixandre, Huidobro, Menassa, Whitman. No seré perseguida como antaño, pero tampoco recogeré grandes aplausos ni recitaré en grandes teatros. Bastará con una sala recogida, donde el público vibre conmigo y yo con él.
HASTA LOS 67 Y MÁS ALLÁ
Hoy todos y todas se han levantado asustados, el Gobierno propone la jubilación a los 67 años. Aquellos que sueñan con librarse de trabajar “lo llevan claro”.
Desde bien temprano a la mañana tuve ganas de escribir algo al respecto. Sé que muchos se están rasgando las vestiduras, otros tantos aprovechan para tirar piedras al tejado del Gobierno, algunos se resignan a “tirar palante” y aceptar el envejecimiento de la población. Hay muchas formas de reaccionar a esta noticia, pero no podemos negar muchas cosas. Una de ellas es que la sociedad está en continuo cambio y muchas veces nos cuesta aceptar que las cosas no sean siempre iguales, me explico. Existe la tendencia humana a juzgar el pasado y el futuro con los ojos del presente. Las cosas cambian, queramos o no. Vivimos mucho mejor que hace años y mucho más que hace siglos. Hemos perdido muchas cosas buenas del pasado, seguramente, pero tenemos una calidad y esperanza de vida que, tal vez, es la responsable de que tengamos que ir pensando en trabajar más años.
Vivir más tiempo hace que tengamos que pensar esos años de nuestra vida, qué hacer con 70, 80, 90 años. La sociedad tiene que hacer frente a los gastos sociales y sanitarios de un gran número de personas que quieren vivir con calidad y que tienen derecho a ello. Es por eso que considero muy importante que no sólo hagamos al Gobierno responsable de pensar en estas cosas, en el futuro, en nuestros años futuros. También creo que es fundamental que cada uno de nosotros piense en su propio futuro, en cómo quiere vivir los próximos años y cómo tiene que hacer para ello. Estamos educados para que sea otro el que nos “solucione la papeleta” y así nos va. Pensar en atrasar la jubilación puede estar bien en unos casos y puede estar mal en otros. Pero lo que es cierto es que tenemos que empezar a pensar de otra forma el trabajo.
“Ganarás el pan con el sudor de tu frente” y aquí estamos todos sudando la gota gorda por un poco de pan, un jersey de marca, unos zapatos buenos, unas vacaciones, un televisor de plasma. Con tanto sudor y tanto sufrimiento no queda otra que querer escapar de ese castigo y anhelar una “primitiva” o la deseada jubilación. Pero ¿por qué pensar así? El poeta cubano José Martí escribió: “La felicidad sólo puede hallarse en el camino del trabajo” y con esa frase como bandera vivo, y siento que trabajar no es mi castigo, sino mi medio de realización personal. Me identifico tanto con mi trabajo que es mi vida, mi identidad. Aunque a muchos les moleste que mi profesión sea sinónimo de mi nombre, que piense en trabajar hasta los 100 años, que quiera conseguir mi libertad, comprándola, aquí estoy, pensando que 67 años no son nada. Que hay que vivir la vida plena, yendo cada día a trabajar con la alegría de quien transforma su egoísmo en un producto social.
Podrán entenderme o no, no me importa. Lo que tengo claro es que nadie regala la felicidad. Que es algo que cada uno tiene que conseguirse, aunque no sé si ser feliz es lo que más interesa.
CAMBIAR DE CLASE SOCIAL NO ES PELIGROSO
¿Cree usted que se transformará en un extraterrestre? ¿Se volverá despiadado y repudiará a sus personas amadas? ¿El dinero pervertirá su bondad? Cuántas ideas erróneas existen en la mente de una persona que le impiden dar un paso decisivo en su vida. Sabemos gastar el dinero, quemar nuestras tarjetas de crédito en los centros comerciales, vestir a la última moda, viajar hasta el confín del mundo o ponernos labios de plástico. Llevamos coches último modelo, las joyas brillan en nuestra piel, pero nuestros ojos denotan tristeza, nuestra satisfacción sexual escasea, tenemos los dientes podridos, no sabemos educar a nuestros hijos, no hablamos con nuestros familiares…
Saber utilizar el dinero para comprar servicios es algo que implica cambiar de clase social. Comprarse los servicios de un abogado, un dentista, un asesor de imagen, un psicoanalista, eso sólo pueden aquellos que se animen a invertir el papel moneda en lugar de sólo gastarlo. Comprar bienes de consumo no nos transforma, nos mantiene con los mismos pensamientos, incluso en muchas ocasiones nos permite disponer de una vida para la que no estamos preparados. Ejemplos tenemos de personas que tuvieron un accidente mortal con su coche nuevo, o que estropearon su fantástico traje el mismo día del estreno.
El dinero, por tenerlo, no nos enseña a utilizarlo. Hay que transformar nuestra forma de pensar para poner la economía a nuestro servicio y no estar nosotros al servicio de la sociedad consumista. La vida es sólo una y hay que aprovecharla, vivirla con satisfacción, con salud. Educar a los hijos como corresponde. Trabajar no por obligación, sino como derecho y medio de realización personal. Conquistar la sexualidad y no ser esclavos de la moral sexual. Ser responsables, al fin y al cabo, de la vida que tenemos, disponer de los medios necesarios para poder solucionar los problemas que acontecen a lo largo de la vida y no padecerlos miserablemente mientras disponemos de varias casas, varios coches, montones de billetes debajo del colchón.
ALADINO Y LA LÁMPARA MARAVILLOSA
De pequeña me contaron la historia de Aladino y la lámpara maravillosa. El joven y soñador muchacho se encontró en medio del desierto una antigua lámpara y, mientras la limpiaba, un gran genio salió de su interior. Tras la sorpresa, el muchacho se dirigió al personaje preguntándole quién era y cómo había salido de tan pequeño objeto. El genio, aún aturdido por su larga estadía en el interior de la lámpara, comenzó a contarle su historia. Aladino, estupefacto por lo que estaba escuchando, comenzó a imaginar qué deseos le gustaría que se hicieran realidad. Es tan fácil dejar correr la fantasía, tan sugerente pedir y que se haga, al instante, realidad. Aladino eligió entre el amplio y ambicioso abanico de posibilidades tres deseos, según lo que el genio acababa de decirle. Deseos que cambiarían su vida al instante.
Hoy, a punto de cumplir años, las cosas no son como los cuentos ni nuestra ingenuidad es la de nuestra infancia. La realidad nos devuelve muchas veces algún que otro desengaño y conseguir lo que anhelamos no es tan fácil como frotar una lámpara maravillosa. No obstante, que las cosas no se consigan de inmediato no empaña la alegría de conseguirlas.
En estos días festivos, de encuentros familiares, de comidas de empresas y de amigos, he tenido la oportunidad de compartir mesa con relaciones que se han ido estableciendo en estos años de trabajo. Vínculos que a veces una misma no se da cuenta que tiene y, sin embargo, ahí están y crecen con los años. Personas amables, con profesiones interesantes y ambiciones de futuro se van sumando, poco a poco, y van enriqueciendo mi mundo, mundo soñado algún día en el pasado y que se va haciendo realidad, granito a granito.
No me desilusiona que la vida no sea como en el cuento de Aladino, que a veces haya que hacer un esfuerzo para levantar el teléfono y llamar a alguien desconocido, que haya que pasar momentos difíciles, que incluso una llegue a sentirse una incomprendida en su tierra. La vida siempre te devuelve con creces lo que has sembrado y compartir una noche, una tarde, con estas personas de bien, multiplica mis energías. Ellos y ellas son los que iluminan mi camino, los que ponen su energía en el exterior para cambiar la realidad de su casa, su barrio, su ciudad. Presentadores de televisión, directores de diarios, empresarios, médicos, promotores asociativos, políticos, conocedores de su tierra, maestros, etc.
Los grandes proyectos se van haciendo a lo largo de los años, a veces, sin darse cuenta, hasta que llegan estos momentos en los que se mira alrededor y puedes ver las personas que se han ido sumando, los logros alcanzados, la vida transformada. Mi vida personal y profesional no ha sido fácil, como no es la vida de nadie, pero tengo la alegría de estar en el camino deseado, con las energías plenas, mirando al futuro de mi ciudad y viéndome ocupar un lugar en ella.
Felices fiestas, feliz año nuevo, compañeros de la vida.
TODO SE TIÑÓ DE NEGRO
Otra vez una inesperada muerte ha teñido de negro la vida de una familia. Una joven de 17 años desaparecida días atrás, ha aparecido muerta en una pista forestal, no muy lejos de su casa. Las especulaciones no se hacen esperar, asesinato, muerte violenta, suicidio…La autopsia descarta la intervención de otras personas y sospecha que el fallecimiento se ha producido por la ingesta de barbitúricos. La familia, desecha en dolor, no se explica lo ocurrido. “Era una chica normal”.
La mayoría de las veces el suicidio sorprende a los más allegados de la víctima, si deja huellas, en forma de cartas, despedidas, etc. se encuentran después del fallecimiento o del intento fallido de poner fin a su vida. Cuando una persona está decidida a quitarse la vida, es muy difícil impedírselo, sobre todo porque no avisa de forma directa. Es un asunto este muy desagradable y doloroso, pues suele afectar a personas, aparentemente, sanas, a las que la vida no les va del todo mal, pero que esconden tras esa apariencia de normalidad o mera tristeza, una grave enfermedad como es la depresión.
No es la primera vez que alertamos de la importancia de detectar y tratar esta patología, que se disfraza detrás de malestares orgánicos, disminución de la capacidad de obtener placer, pérdida del apetito, abandono de las relaciones sociales, abandono o despido laboral provocado por el propio sujeto, directa o indirectamente, etc. Con esto vengo a decirles que no se diagnostica a un deprimido porque este diga: “estoy triste”, “qué deprimido estoy”, “tengo ganas de morirme”, etc. Eso nos pasa a casi todos en algún momento de la vida y eso no quiere decir que estemos pasando por una depresión.
Esta enfermedad es como una sombra gris que se posa sobre la persona, que le aleja de los gustos y las personas que, hasta ese momento, le generaban interés. Le va generando una sensación de que la vida no merece la pena y suelen dirigirse reproches a sí mismos que no corresponden, exactamente, a sus cualidades personales. Es como si hubieran sido defraudados por algo o por alguien y no pueden soportarlo. Se les cayó un ideal y no pueden establecer uno nuevo.
Las cifras de depresión en la población son altas, es una de las enfermedades psíquicas de mayor prevalencia, pero también una de las que no siempre es adecuadamente tratada. Muchas veces se les tacha de caprichosos. Se les intenta convencer de que salgan, de que disfruten. Ellos no pueden. Es fundamental un buen diagnóstico y acudir cuanto antes a tratamiento. La depresión es una de las patologías que responde antes y mejor al tratamiento psicoanalítico. Pero cuando los pacientes acuden tras años y años de enfermedad, esta ya forma parte de la propia personalidad del sujeto y la resistencia al cambio es mucho mayor. Para que entiendan, si al principio la enfermedad se reconoce como algo ajeno y molesto, con los años la enfermedad forma parte de la vida de la persona, y lucha tenazmente contra todo tratamiento que intente modificarlo.
Nunca es tarde si la dicha es buena, pero hay que actuar cuanto antes, porque el paciente corre grave peligro. Es triste que una joven como esta haya puesto fin a su vida, cegando toda posibilidad de futuro para ella. Un paso a tiempo le hubiera ayudado a superar su tristeza y ahora no estaríamos lamentándonos. A ella ya no la podemos ayudar, a las muchas personas deprimidas sí que podemos ayudarlas a VIVIR.
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TE LO CONFIESO
Yo estuve allí. El sábado me acicalé, cogí mi coche y me dirigí al Teatro Cervantes, no sin sortear el intenso tráfico que la tarde-noche poblaba las calles más céntricas de Málaga. No soy asidua a obras teatrales, ello no quita mi interés por este arte y mi deseo de participar, cada vez más, en la vida cultural de nuestra ciudad. Dicho y hecho, el otro día consulté la programación del teatro y bingo, una obra curiosa “Confidencias muy íntimas”, un argumento perfecto para animarse.
El teatro estaba abarrotado, qué alegría. Personas de todas las edades, jóvenes y muchos mayores, animados a pasar una entretenida noche. Se apagaron las luces, el espectáculo comenzaba. Un diván o chaise-longue destacaba en el escenario. La obra resultaba entretenida, con diálogos sencillos que no profundizaban demasiado en la vida de los personajes. Una confusión era el centro argumental del texto, confusión que dio paso a una curiosa relación entre dos personajes, uno un falso psiquiatra-psicólogo-psicoanalista y otra, la arrolladora paciente-confesora.
Tras mi alegría por sentir el protagonismo de la relación terapéutica, sobrevino mi ofuscación. No sólo confundían términos, psiquiatra-psicólogo-psicoanalista, gran error, sino que además, el verdadero psiquiatra-psicólogo-psicoanalista era un personaje despreciable y dominador, sólo interesado por el cobro de los honorarios. Me indignó el protagonismo de los prejuicios y la desinformación al respecto. Cualquier persona que haya pasado por la consulta de un verdadero psicoanalista habrá comprobado el escrupuloso respeto que este profesional profesa a sus pacientes, son importantes los honorarios, claro, como en todas las profesiones, pero una de las premisas fundamentales es que el psicoanalista no cobra, no va detrás del paciente para que éste le pague, sino que es el paciente el que paga al psicoanalista, el que necesita pagar para obtener no sólo el tratamiento, sino también la libertad.
Debajo de ese aparente carácter chistoso de la obra se escondía la idea de que todo el mundo puede escuchar y que por el mero hecho de hablar una persona se transforma y se libera de sus síntomas. Si esto fuera así, otro gallo cantaría. No reconocen que el propio paciente es el que presenta más resistencias a abandonar sus síntomas, que no son las palabras dichas de cualquier forma las que curan y que, por otro lado, el que más queda afectado por la relación es el que escucha, de ahí la importancia de la formación del psicoanalista.
Basta ya de tanta confusión. Un psicoanalista no es igual que un psicólogo o un psiquiatra. Dejémonos de comportarnos como gente inculta. A estas alturas no nos conviene. Sí, me lo pasé bien en el teatro porque sabía que luego escribiría este artículo. Pero me gustaría que el mundo supiera aprovechar lo que el mismo mundo nos da. Muchas personas necesitan tratamiento psíquico y necesitan saber a dónde acudir. No les confundamos más, leamos algunos libros, documentémonos bien, este error no ocurriría si se tratara de otras profesiones. Perdón y gracias. Hasta la próxima.
CONMIGO NO PODRÁN
La intolerancia y la ignorancia pueden ser tan dañinas como un fusil. Creemos haberlo alcanzado casi todo, disponer de medios de comunicación supersónicos y dominar todos los rincones de nuestro planeta Tierra. ¿Para qué nos sirve todo eso si aún no se puede hablar?
Intentan, desde todos los ángulos posibles, dejarte sin voz, denominarte con insultos propios de otra época y poner en tu currículum actos que tú nunca cometiste. Todo en el firme propósito de alterar la realidad para que esta coincida con lo que ellos piensan, lo que creen pensar. No toleran que el mundo vaya más allá de sus narices. Tienen su propio credo que ni siquiera practican. Hipocresía que se extiende más que cualquier gripe y que mata más la libertad que cualquier enfermedad.
Conmigo no podrán. He comprado el arma más poderosa que existe, la cultura. He pagado por este pensamiento que tengo y que hace que sea esta mujer, con esta boca, en este mundo. Mujer, poeta, psicoanalista, trabajadora. Podrán negarlo, silenciarlo, tergiversarlo, pero pagarán cara su ignorancia.
Aquel que construyó con su propio trabajo su casa, con su propio trabajo su vida, con su propio trabajo su libertad, no puede ser tratado como un necio. Los hechos hablan y el futuro les demostrará qué equivocados estaban cuando, en lugar de estudiar, insultaban, en lugar de trabajar, se quejaban y en lugar de educar a sus hijos, los soltaban a las calles para que fueran drogados o asesinados. Un mundo que trata así a sus hombres y a sus mujeres no es un buen hogar.
TRATAMIENTO DEL ABURRIMIENTO SEXUAL
Muchas parejas caen presas, con el paso del tiempo, en la desidia sexual, se pierde el deseo y comienza el aburrimiento. Muchos hombres comienzan a fantasear con infidelidades y muchas mujeres adoptan una postura fría y distante, lejos de la pasión inicial en la que comenzó la relación.
Este aburrimiento es producido, entre otras cosas, por ciertos comportamientos muy habituales en las parejas. La tendencia al trato familiar, a la plena confianza, a hacerlo todo juntos, a estrechar lazos hasta el punto de que más que amantes parecen hermanos, desemboca en este distanciamiento sexual con el paso del tiempo. No hay que olvidar tampoco, que nuestra educación sexual está encaminada, fundamentalmente, al establecimiento de relaciones duraderas que tengan como función el establecimiento en familias.
Nos enseñan qué debemos y qué no debemos hacer para lograr dicho fin. “No se lo des todo”, “no dejes que haga lo que le dé la gana”, “si sale con los amigos es que no le interesas”, etc. Esto me recuerda mucho a la película Qué les pasa a los hombres en la que algunos de sus personajes no daban pie con bola debido a los prejuicios existentes en torno a las relaciones sentimentales.
Muchos han llegado a pensar que una canita al aire de vez en cuando es la solución para darle esa chispa que le falta a la pareja, otros llegan incluso más allá, acudiendo a locales de intercambio de parejas o a posturas sexuales imposibles con tal de reavivar la pasión. Pero nada de nada.
El aburrimiento sexual no se cura de esta forma ni tampoco cambiando de pareja, porque con el tiempo pasará lo mismo. Cuando me consultan con este motivo de consulta lo tengo muy claro, les recomiendo mantener durante un tiempo unas entrevistas con un psicoanalista. Si acuden ambos miembros de la pareja indica que están dispuestos a continuar con la relación y van a tomar las medidas oportunas para que su llama no se apague. En el caso de que acuda uno sólo de los miembros de la pareja, podemos entrever, en muchos casos, que tomará su propio camino. De lo que estoy segura, es de que tras un tiempo de psicoanálisis no volverá a repetir los mismos errores y transformará las ideas sobre las relaciones de pareja que le llevaron a ese decaimiento.
Las relaciones de pareja no son fáciles, pero no por ello tienen que ser insatisfactorias o imposibles. Se trata de que aprendamos a estar en pareja cuidando el deseo, aprendiendo a conversar, estableciendo relaciones más abiertas y flexibles. La solución no es una mujer más atractiva que pase a su lado, túmbese en el diván y verá cómo reaviva las llamas de su pasión.
Sigo mi rumbo
Estamos en constante evolución, aunque es cierto que hay personas que no evolucionan ni a empujones. Estamos decidiendo constantemente lo que luego acabará siendo nuestra vida, con quién pasear, con quién hacer negocios, dónde trabajar, a qué colegio llevar a los niños, hacer el amor o no hacerlo, regularidad o extreñimiento…
Ayer me liberé, en cierta forma, de un compromiso adquirido hace un tiempo. Ha sido una experiencia nueva, que por ahora no pienso repetir, pero de la cual algo he aprendido. No voy a dar muchos datos. Lo importante es que no he acabado dañada, no perdí dinero, perdí algún tiempo, viajé, no tuve ningún accidente de circulación, me puse una bata blanca, me llamaron doctora, etc. Pero no recibí nada que no tuviera o supiera ya. Me he demostrado que el trabajo es lo más importante, y que hay que hacer lo que sea necesario por seguir adelante, en este momento mi papel aquí es fundamental. Perder el tiempo está prohibido a partir de ahora.
Un profesional es una herramienta de precisión trabajada a lo largo de los años, no puede desaprovecharse. El negocio no está en disponer de buenos profesionales, el negocio está en generarles trabajo, ponerlos en funcionamiento. Es un error no aprovechar la estructura de una gran empresa para generar clientes para esos profesionales que en ella trabajan, al final acaban perdiendo a esos especialistas. Cuando uno es su propia empresa esto no suele pasar, uno optimiza sus recursos y su tiempo, es profesional, secretaria, publicista, relaciones públicas, etc. Debe ser exigente como empresario o empresaria, exigir el máximo rendimiento, a la vez que tratarse bien como trabajador, premiar sus logros, animarse en momentos bajos, dar calidad a su vida personal.
Yo sigo mi rumbo, que no se desvió ni un ápice. Cada vez hay más trabajo y es mayor mi especialización en diversas áreas. La clientela es menos indecisa, no soy una joven que tiene mucho tiempo que perder, soy una profesional cualificada que sabe lo que hace y en la que hay que confiar. En esa simbiosis espero que los frutos se vean en los próximos tiempos, no sólo un crecimiento relevante, sino también una población malagueña que sabe a dónde acudir y que no quiere perder ni su dinero ni su tiempo. Que valora, cada vez más, su calidad de vida y que confía en la seriedad de los servicios que Grupo Cero Psicoanálisis les brinda en Málaga.
Aún quedará, lamentablemente, quién no sepa apreciar su propia miseria personal, quien espere que la magia o la suerte le echen una mano o el que desperdicie su vida sin pena ni gloria. Esa es la libertad, no hay otra, la libertad de saber elegir.
UN ESTUDIO ADVIERTE DE QUE VIVIR SOLO AUMENTA EL RIESGO DE PADECER ALZHEIMER
Poco a poco nos van quitando todas las libertades, ahora resulta que vivir solo es peligroso para nuestra salud. ¿Querrán decir con ello que voy a tener que casarme o buscarme compañero/a de piso para mantener mi plena conciencia? Hoy aparece esta noticia en los diarios, al parecer son las conclusiones a las que hay llegado un estudio de el British Medical Journal.
Si no era suficiente con asustarnos con la gripe H1N1, el cáncer, las arrugas, el maltrato de los hijos, la falta de dinero, la sequedad vaginal, la impotencia, ahora encima, si una vive sola, tiene más riesgo de desarrollar Alzheimer en su vejez.
Sin embargo, creo que los investigadores no han tenido en cuenta que estar solo y vivir solo son cosas diferentes. Los psicoanalistas advertimos de la importancia para la vida saludable de las relaciones y compromisos sociales, del trabajo intelectual, de los proyectos laborales y creativos. En este sentido, es bastante común, que con la jubilación, las personas pierdan gran parte de las relaciones que sustentaban su vida. Al perder la actividad laboral, pierden también las exigencias que, día a día, le mantenían en forma.
Esta soledad, este abandono de las funciones sociales y laborales que en muchos casos se genera en la vida madura, es la que incide en el desarrollo de las demencias. No tiene nada que ver con no tener pareja, ser viudo o viuda, o no tener compañero de piso. Vivir solo puede ser una fórmula estupenda de vida, porque no se está solo en el mundo, vivimos con muchas relaciones que nos sostienen, amistades, compañeros, superiores y subalternos, hijos, vecinos, etc.
En lugar de empezar a preocuparnos por la demencia que no tenemos, hay que comenzar por pensar que es fundamental no abandonarnos a la nada, cuidar nuestras relaciones y compromisos, y si fuera necesario, establecer nuevos. Hay que tener cosas que hacer, personas con las que hablar, historias que escribir y libros que leer, porque todo ello nos mantendrá saludables.
El poeta y psicoanalista Menassa, estudioso de la cuestión, nos dice en su aforismo número1557_ La vejez, a mí, también, quiso tragarme. Hubo un instante en mi vida que mis arrugas y mis dolores tenían más fuerza que mi pensamiento. En ese instante fue donde envejecí. Cuando me di cuenta de que el poder sobre mí no era yo, sino las palabras, no envejecí más.
UNA BUENA SESIÓN DE CINE
Motivada por una atroz crítica publicada el pasado domingo en el Diario El País, decidí no esperar ni un momento para ver la última película de Coppola, “Tetro”, una cinta de la que nada había oído hablar hasta entonces, que sólo había conocido por los carteles que están estos días en los kioskos. El crítico de turno ponía a caldo esta última producción del gran director. Con sutil palabrería llegó a llamarle “viejo chocho” y a invitarle a retirarse del mundo cinematográfico.
Animé a unos cuantos amigos que tampoco estaban seguros de lo que nos íbamos a encontrar ¿una buena o mala película? No todo van a ser tiros y carreras de coches, vampiros y magos. El buen cine se define por cuidar la historia y los personajes, por transmitir valores humanos, por llegar al mismo centro de nuestro corazón. Nos sentamos frente a la pantalla y comenzó la sesión.
Sorprendía ver una película en blanco y negro. Nos fuimos metiendo en ella, sin decaer ni un solo instante. La cinta, de cuidada fotografía y una banda sonora muy acorde con el desarrollo, nos adentraba en la vida más íntima de sus personajes. Una vida familiar difícil, las mentiras, la locura, teñían la historia de misterio que no es desvelado hasta el compás final. Los actores realizan un fantástico trabajo, tanto Maribel Verdú, como Vincent Gallo y el joven y atractivo Alden Ehrenreich. Es una producción que recuerda a los clásicos, directores fieles a su propio estilo que cuidan su obra y no al espectador. Ciertas escenas surrealistas, algún que otro personaje extravagante dan fe de ello. El director goza con su producción, y con ello, nos hace gozar a nosotros.
Una historia en la que se dejan de lado el exceso de sexo, amor, violencia, dinero, corrupción, tan presentes en las producciones actuales. El ritmo lo marca la propia narración, las conversaciones entre los personajes, la trama que se desteje para dar sentido a los hechos. Una película para mentes despiertas, que anhelan un cine comprometido que huya del entretenimiento barato. Críticos e insulsos, abstenerse de ver una obra sincera y pura como Tetro.
CONSEJOS PARA LA VIDA LABORAL - 2
Podría decirse que el cotilleo es casi un deporte nacional. Cuánto nos gusta cuchichear de nuestros compañeros de trabajo, criticarlos a sus espaldas, hablar mal de ellos, opinar esto y lo otro, pero nunca a la cara. Estos comportamientos, como digo, tan extendidos, hacen un gran mal en el entorno de trabajo. Acaban generando camarillas, desconfianza, inseguridad y, a la larga, pueden acabar con los buenos resultados laborales.
Imagínense varios socios que en lugar de reunirse y poner en común sus ideas sobre la empresa, sus dudas, sus puntos de vista, van hablando de forma informal con uno y con otro, poniendo a caldo a los demás a sus espaldas. La desconfianza está servida. Ningún crecimiento grupal y empresarial es posible de esta forma. Todo crecimiento tiene que ver con alguna ley. Un grupo, una empresa, implica obligaciones, trae aparejado una ética. No puedo pensar sólo en mí. No puedo pensar sólo en mi bienestar, si no en el bienestar de muchos.
Estas conductas individualistas, esta ausencia de leyes que regulen el funcionamiento grupal, son el caldo de cultivo de rencillas personales y traiciones económicas. En lugar de unir fuerzas a favor del correcto funcionamiento de la empresa, cada socio desarrolla sus propias tendencias personales y caprichosas y refleja en los otros los errores que no puede asumir en sí mismo.
Para corregir estos comportamientos es preciso asumir pactos, regular la comunicación, asumir el respeto como regla a favor de un bien común. Habitualmente muchos practican la callada por respuesta con el objeto de evitar disputas, esa no es la solución. En el entorno laboral es preciso comunicarse adecuadamente, saber escuchar y comunicar oportunamente las ideas propias. Las reuniones frecuentes son muy positivas para fomentar la puesta en común de ideas y la toma de decisiones. Hay que reconocer que no será tarea fácil, pues hemos de legislar nuestras tendencias egoístas y nuestro afán de tener siempre la razón. A veces, para que las cosas funcionen, hay que aceptar otras ideas porque sólo se puede avanzar con el acuerdo de todos. El error no debe ser desterrado, sino considerado como una oportunidad para estudiar qué es preciso mejorar. En lugar de criticarse, ofrecer nuestros conocimientos para que sean tenidos en consideración. Juntos es posible.
CONSEJOS PARA LA VIDA LABORAL 1
“Lunes, empieza la semana, pero me fallan las fuerzas. Ayer no fue un día especialmente duro, me acosté a una hora prudente, descansé, pero al sonar el despertador una extraña fuerza me impide levantarme. Otra vez a trabajar, volver a la rutina diaria. Podría decir que no me disgusta mi trabajo, me llevo bien con los compañeros, gano un sueldo decente, pero cada lunes me pasa lo mismo. El fin de semana me impone otro ritmo, más sosegado y familiar. Diría que no ansío especialmente a que llegue, sin embargo, los domingos por la noche parecen un funeral. ¿Por qué me pasa esto? ¿Por qué me cuesta cambiar de ritmo? ¿Debería cambiar de trabajo o debería cambiar mi forma de pensar?”
Estoy segura de que a muchos de ustedes les pasa algo parecido y es que los lunes, son para muchos, un suplicio. Miren a sus hijos y verán cómo les cuesta levantarse y entender que hay que volver al colegio, dejando en el fin de semana los programas matutinos, los paseos con papá y mamá, las partidas con la Play… Muchos somos como niños y nos cuesta asumir los cambios de ritmo, los compromisos, el bien que nos hace el trabajo. Aún seguimos pensando “¡qué bien que sería no tener que trabajar1” “¿para qué tanto?” “¡quién inventaría el trabajo!”. A pesar de que tengamos integrada esta función en nuestra vida, a pesar de que pasamos gran parte de ella en nuestro puesto de trabajo, con nuestros compañeros, hay en nosotros resistencias inconscientes. Cuántas veces elegimos cosas que no nos convienen y cuántas otras no hacemos aquello que nos conviene. Cuánto nos cuesta hacernos un bien.
Un consejo para nuestra vida laboral, es empezar a pensar el bien que nos hace trabajar. ¿Seríamos lo que somos sin el compromiso del trabajo? ¿Has pensado alguna vez las relaciones sociales que te genera trabajar? ¿Si no fuera porque tienes que ir a trabajar, qué motivos tendrías para levantarte, para asearte, para cuidarte? ¿Si no hubiera exigencias externas, serías capaz de responder a tus propias exigencias?
Basta ya de tantas preguntas, pero tal vez nos sirvan para darnos cuenta de que el trabajo no lo es todo en nuestra vida, pero es una parcela muy importante de ella que nos genera la inteligencia que tenemos, la economía, las relaciones y, al fin y al cabo, nuestro desarrollo personal. Disfrutamos el tiempo libre, las vacaciones, los fines de semana, porque tienen un límite. Aceptar los cambios, las interrupciones, las separaciones nos hará un bien. Los lunes interrumpen el fin de semana, pero generan un comienzo. Aprendamos a amar los comienzos de semana, como ya amamos los fines de semana.



