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Helena Trujillo

 

Artículos. Para leer.

ALGUNOS APUNTES SOBRE LA VIOLENCIA FAMILIAR

Estamos muy acostumbrados a oír hablar de violencia de género o violencia machista. Dicha acepción nos lleva a pensar que los hombres tienen una aversión hacia las mujeres y ello motiva la agresión. Vamos a utilizar el término violencia familiar porque señala la relación existente entre los implicados en la agresión. No es cualquier hombre el que ejerce el maltrato sobre cualquier mujer, sino que es el marido, novio, exmarido, exnovio, es decir, un hombre que ha mantenido (o mantiene) una relación amorosa con la víctima, una relación familiar, el implicado en el maltrato.  


Cuando hablamos de violencia, está claro que es mucho más que dar golpes, hay muchas formas de herir a otra persona. Por violencia familiar nos referimos a la ejercida sobre los mayores, cónyuges, hijos, mujeres, hombres, discapacitados, etc. Aunque quisiéramos, es difícil precisar un esquema típico familiar, porque ocurre en todas las clases sociales, culturas y edades.


La idea común es que la familia o la pareja son los lugares en los cuales más seguros nos encontramos, sin embargo en ellos es donde se producen más abusos a la integridad física y psíquica de las personas. Está claro que tenemos que empezar a cuidarnos de las relaciones más próximas. Ciertos comportamientos que pasan inadvertidos, pueden ser considerados una conducta abusiva o violenta. Cuántos utilizan la excusa de “la educación”, “el carácter”, “la impaciencia”, “no es malo”, “está cansado” para ejercer la fuerza sobre otros más débiles.
Son varios los factores que intervienen en una situación de maltrato, entre ellos encontramos loscelos,  muchas agresiones se desencadenan por el sentimiento de propiedad que muchos hombres tienen hacia sus parejas. Muchos hombres que piensan que la mujer con la que están casados, o con la que conviven, es suya, les pertenece, igual que si fuera un objeto. Y la situación es aún más grave, ya que también hay muchas mujeres hoy día que siguen pensando que pertenecen a sus maridos.


Estos celos tienen mucho que ver con una concepción del amor que sigue imperando. El amor de la media naranja, el amor de para toda la vida, el amor posesivo. Esa concepción que nada tiene que ver con la libertad y la tolerancia, un amor que vemos reflejado en las películas, genera situaciones donde las personas no toleran separarse de la otra persona y son capaces, en su desesperación, de aniquilar al otro con tal de no perderlo.


Mucho tiene que ver, también, la posición que adopte la mujer en el amor, históricamente la mujer ha sido un objeto de intercambio, no elegía a su pareja, no era el amor el que comandaba, si no que eran matrimonios de conveniencia. Luego vendría el amor cortés, donde el varón cortejaba y elegía a la dama, adoptando esta una actitud totalmente pasiva. Esta pasividad de la mujer favorece actitudes abusivas por partes del hombre, ya que se da primacía al deseo de éste por el encima del deseo de su partenaire.


El machismo también tiene su implicación en todo esto, pero no es el responsable. Una actitud machista es aquella que discrimina a la mujer, la menosprecia, o la considera inferior al hombre, pero también hay machismo en otras actitudes disfrazadas de proteccionismo. El horror a lo femenino, el desprecio a la mujer, tanto para el hombre como para la mujer, estaría en relación con la falta de “pene”, en tanto esto le recuerda al sujeto su propia castración, su mortalidad. El machismo es la vigencia de la sexualidad infantil en el adulto, se trate de un hombre machista o de una mujer machista. Todos padecemos en cierta medida de machismo inconsciente, hombres y mujeres, por lo que no es por machismo que se produce el maltrato. No es que el hombre maltrate a su pareja por ser una mujer, es que la maltrata porque es su mujer, su propiedad, y no acepta el abandono o el desamor.


Es relativamente fácil abusar de los débiles, renunciar a ello supone un paso en la civilización que no todos somos capaces de dar. Ser tolerantes, permitir la libertad, respetar, aprender a separarse son elementos necesarios para alejarnos del maltrato y el abuso. La violencia parece ser un camino para conseguir poder, pero un camino infructuoso para la convivencia, el amor, la educación y el respeto. El que agrede, no sólo agrede a otra persona, se lesiona a sí mismo.

 

TE VENDO MI VIDA

Por una módica cantidad toda vida tiene precio, o eso piensan algunos que están dispuestos a vender su intimidad y la de sus hijos al mejor postor. La telerrealidad no ha alcanzado aún su límite y si hace poco nos enterábamos que una moribunda vendía sus últimos momentos de vida, ahora la madre de octillizos norteamericana, que ya tenía seis hijos de un parto anterior, está decidida a vender su intimidad los próximos 18 años.

Una cosa fue la experiencia, hace ya bastantes años, de un primer Gran Hermano, que a todos nos sorprendió y nos llamó de una forma u otra la atención, y otra es esta escalada de realitysen los que se realiza un cambio de imagen, se adelgaza, se busca novio o novia, se sobrevive en una isla, incluso se resuelven problemas psicológicos… Hasta dónde vamos a llegar, ¿hay límites éticos? ¿todo tiene un precio? Tal vez tendríamos que preguntarnos también por qué venden tanto este tipo de programas, no en vano son algunos de los que más audiencia generan y, de ahí, su interés para las cadenas televisivas. Somos curiosos, de eso no cabe duda, las mirillas ya hacían sus estragos en otro tiempo, ahora basta con encender el televisor para ver cómo visten, piensan y viven otras personas, incluso con un sentimiento de impunidad que antes no teníamos. Ahora es normal hablar en el desayuno del programa del día anterior y si no, parece que estás fuera de onda.

Este cotilleo no es patológico o perjudicial, pero tiene que tener límites. Reconozcamos que todos nos hemos preguntado alguna vez cómo vive nuestro vecino, cómo hará el amor o si son normales algunas de nuestras costumbres en comparación con las costumbres de los demás. Todos, o casi todos, hemos leído alguna vez alguna revista rosa. Muchas veces esta curiosidad supone una prolongación de nuestra propia vida, es decir, hay cosas que nunca viviremos y verlas en otros nos hace ser partícipes de algún modo. De esta forma, tantas veces, nos sentimos identificados con alguno de estos personajillos o le apoyamos a través de llamadas o mensajes de teléfono. Recuerdo ahora el entierro reciente de una participante del Gran Hermano Británico que más parecía el funeral de un personaje de la realeza. ¿No ensalzará el pueblo a ciertos personajes por el deseo de ser él mismo el protagonista? Lógicamente es más fácil sentirse cerca de alguien como nosotros que de un príncipe o princesa.

Mirar es una pulsión que nos satisface, pero ni todo se puede ver ni es bueno que los demás sepan demasiado de uno. La vida privada es un valor que hay que preservar, ¿no les ha pasado que cuando lo conocen todo de su pareja deja de parecerle tan atractiva? Por mucha confianza que uno tenga o quiera tener, hay que mantener como propias ciertas parcelas para que no se acabe el misterio y el interés.  Nuestra vida, claro, no es un “reality show” aunque algunos pretendan hacer de ello una profesión. Con el tiempo, hemos sido testigo de la debacle de muchos de estos personajes que un día aparecieron en televisión. Han salido escasamente vestidos en revistas, se han paseado por platós de televisión, han vendido exclusivas, creyendo que podrían vivir de ese falso personaje construido sin trabajo. Al final acaban como el rosario de la aurora si no son capaces de desarrollar un proyecto diferente. Algunos, es cierto, desarrollaron una carrera artística, otros se hicieron presentadores de televisión, algunos montaron su propio negocio, pero para mantenerse han debido hacerlo compitiendo con el resto, la fama, ya sabemos, es efímera.

No sabemos aún cómo acabará esta “octomamá”, lo que está claro es que su ética está en tela de juicio y su capacidad de cuidar y educar a sus 14 hijos también. La vida es mucho más que un plató de televisión, cuando las luces se apagan, sin maquillaje, sin cámaras, cada uno debe enfrentarse a sus propias miserias. Si somos o no capaces de hacerlo muestra el tipo de persona que somos. En sus manos está ahora la vida de sus hijos, esperemos que en el futuro no le tengan que echar en cara que los tuvo para vivir a costa de ellos.

 

SE TRATA DE COMENZAR

385.- El ejercicio de un poder también puede ser el ejercicio de la cura.

Una gran tienda o un gran estado dan el mismo trabajo que una histérica pobre.

Miguel Óscar Menassa

 

No se trata de cambiar el mundo, se trata de comenzar. A veces queremos limpiar toda la miseria y lo único que hacemos es extenderla. Como si el planeta fuera una gran cloaca y nosotros una de las bestias que habitan en ella. Basta, hay que poner límites a la ambición fuera de lugar. Detente, pequeño hombre, siéntate a mi lado y habla.

Se sienta y empieza a proferir todo tipo de sonidos incomprensibles que no atino a entender, tampoco me esfuerzo. Simplemente asisto. Aún no me deja ser alguien. Permanezco a su lado, días, meses, años enteros. Él no se preocupa de mi existencia, pero me necesita para que haya encuentro. Un día, algo cambia, los sonidos van combinándose en palabras, palabras que van tejiendo sus sentidos. El hombre habla y me dirige su mirada, ¿comprendes? –me pregunta.

Yo bien no comprendo, pero hago un gesto afirmativo con la cabeza porque es lo que él espera, y sigue hablando, esta vez en un tono más pausado, como manteniendo una conversación. Ahora soy otro para él, me permite tener alguna inteligencia, que no es poco.

Algún día, tal vez, se dé cuenta de que no sólo hablando se hará inteligente. Comenzó queriendo cambiar el mundo y ahora es él el que quiere cambiar, pero no hace nada, sólo habla. La vida para él transcurre en estas cuatro pareces. Parece un filósofo, pero no escribe. Habla de amor, pero no mira a nadie a los ojos. Tiene grandes ambiciones, pero no maneja un céntimo.

Pobre, crecer no es suficiente para él, necesita vivir. Algún día, cuando me deje, se lo diré: Para vivir se necesitan palabras, pero además, las palabras necesitan vida.

 

ABSTINENCIA

“Abstinencia”, esa parece ser la solución, según las palabras del Papa Benedicto XVI a su llegada al continente africano. En el propio avión, antes del aterrizaje, aludía a la pandemia de VIH afirmando que “los preservativos no son la solución, sino la humanización de la sexualidad”. Me pregunto, ¿acaso piensa que la sexualidad que practican los africanos es poco humana o animal? No quiero tergiversar sus palabras, pero sí mostrar mi punto de vista al respecto. Plantear la abstinencia sexual y la oración como camino para luchar con una enfermedad muy grave que asola los países africanos y que afecta al resto de la humanidad, me parece una imprudencia. No quiero con ello ofender a ningún católico, pero sí plantearles que por supuesto muchos de nuestros males acabarían si dejáramos de realizar ciertas conductas. Para evitar accidentes de coche, no subir en automóvil; para no tener problemas de pareja, no tener pareja; para no ser despedido, no trabajar… Es un método bastante directo pero, a mi parecer, poco realista.

Pretender que millones de personas sean abstinentes, cuando ni muchos religiosos que deben guardar el voto de castidad pueden serlo, es como pedir peras al olmo. No espero de ninguna jerarquía religiosa que sea la voz de los avances de la ciencia, pero debido a su influencia ideológica sobre muchas personas, sería deseable que tomaran nuevos caminos más acordes con los tiempos que corren. Día a día somos testigos de múltiples incongruencias e hipocresías, tanto religiosas, como políticas o personales, a todos nos pasa que exigimos al prójimo lo que no somos capaces de hacer nosotros mismos. Pero a las instituciones deberíamos pedirles una mayor transparencia, no en vano son el espejo en el que se miran millones de personas.

Las religiones no son lo que eran hace años, irrumpió el pensamiento científico y muchos de los postulados que antaño se consideraban únicos y verdaderos, se han demostrado como falsos. No he de negar la labor del pensamiento religioso para la humanidad, el propio Freud habla de ello en sus textos. Supone un avance teórico, pero no la meta. La ciencia es un paso más al que muchas personas aún no han llegado y al que muchas religiones se niegan a llegar. Estas afirmaciones del Papa Benedicto XVI suponen un claro ejemplo, como la postura de la Iglesia Católica respecto a muchas investigaciones científicas. Parece que temen perder un poder que ya no tienen.

A los humanos nos cuesta avanzar, quisiéramos que las cosas fueran siempre iguales, nos pasa ahora con esta situación de crisis e incertidumbre económica que vivimos, parece el fin del mundo y es sólo un paso más de tantos. Ha habido muchas crisis y muchas épocas de bonanza económica, y habrá muchas más de una y de otra. Pero nos cuesta asumirlo, caemos en la desesperanza, no confiamos en nuestras propias posibilidades para transformar la situación. Afortunadamente hay quienes sí creen en sí mismos y sí quieren transformar las cosas. Ejemplo de ellos los profesionales, empresarios, trabajadores, científicos que con su trabajo incesante crean los avances de los que todos, también los religiosos, nos beneficiaremos.

LA MUJER EN EL SIGLO XXI

El pasado 8 de marzo se celebraba el Día Internacional de la Mujer, día en el que era preciso abordar uno de los retos femeninos para este siglo: su consolidación en el ámbito laboral.

Las necesidades sociales, la revolución industrial y la partida a la Primera Guerra Mundial de los hombres, que despobló las fábricas, dieron el primer empujón a la mujer para su introducción masiva en el mundo laboral. Sabemos que estas circunstancias, junto con la posibilidad de ser formada, son los pilares centrales sobre los que ha girado toda la liberación femenina.

Nadie puede dudar ya de sus conquistas laborales: aumenta el porcentaje de mujeres asalariadas, cada vez más estudiantes universitarias, empresarias, cargos políticos, etc. aún así siguen existiendo peculiaridades que establecen claras diferencias entre géneros. La realidad es que sigue habiendo una gran asimetría en el tiempo dedicado a la casa y los hijos. Las políticas de conciliación laboral no han incidido aún de forma suficiente en nuestra forma de pensar, todavía las mujeres tienden a poner en un segundo plano sus ambiciones profesionales ante el nacimiento de sus hijos y son muchas las que abandonan de forma prolongada o definitiva su vida laboral para dedicarse a la familia.

Se podría decir que el modelo ideal de mujer ya incluye la faceta profesional, sin embargo esto se corresponde con lo "políticamente correcto", porque el día a día demuestra que sigue estando mal visto que una mujer anteponga sus funciones y ambiciones profesionales a las familiares. ¿Por qué se siente como egoísmo y no como libertad de elección?  En nosotras anidan resistencias, no debemos responsabilizar siempre a nuestras parejas o maridos, a nuestros jefes o compañeros, a los organismos o Estados de impedirnos estar donde podríamos estar. Muchas veces somos nosotras o nuestras decisiones las que nos excluyen. Muchas mujeres han demostrado que están capacitadas para el desarrollo de tareas de responsabilidad, pero esas tareas exigen amplios y continuos esfuerzos, que también se exigen a los hombres que desarrollan esa labor. Ello implica ciertas renuncias a nivel personal o familiar, asumir ciertos costes personales y ciertos cambios. ¿Estamos dispuestas?

Una actitud machista es aquella que discrimina a la mujer, la menosprecia o la considera inferior al hombre, pero también hay machismo en otras actitudes disfrazadas de proteccionismo. Machistas inconscientes podríamos decir que de alguna manera, en algún momento y en alguna medida, somos todos, porque todos pasamos por un momento de menosprecio de lo femenino. Seguimos pensando en los genitales en lugar de en la capacidad de las personas. Atribuimos roles a cada sexo, en lugar de unirlos a capacidad. Lo importante es que alguien capacitado desempeñe la función, no importa si hombre o mujer.

La historia nos muestra a la mujer como mercancía, el papel de la mujer en los siglos pasados ha sido el de madre y esposa, pasando de la economía de los padres a la economía del marido. Con la incorporación al mundo del trabajo, las mujeres se enteran de que además de la familia existe el trabajo, la guerra y eso genera en ellas un conflicto entre producción y reproducción. Una mujer trabajadora quiere decir alguien que no sólo trabaja por amor o para que la amen, sino alguien que trabaja para el orden del deseo humano. Muchos pasos han sido necesarios para que la mujer pasara de mujer objeto a mujer sujeto, haciendo posible pensar una mujer que se haga responsable de su deseo, de su capacidad de gozar, de amar, de producir.

Un cambio en nuestra sociedad sólo es posible si las mujeres están dispuestas a trabajar para modificarse, es decir, si están dispuestas a abandonar la aparente protección del silencio. No pienso una mujer explotada y sometida por el hombre, sino una mujer que en ocasiones está sometida a sus propios prejuicios. Y todos los humanos padecemos de los prejuicios históricos por lo que ha pasado la sociedad en su constitución hasta la actualidad. Desde Freud, sabemos que ha sido la represión de la sexualidad lo que ha reprimido todo el pensamiento femenino, y lo que ha retrasado durante siglos la incorporación de la mujer a la Historia. El camino de la liberación de la mujer pasa por amar, trabajar, escribir, es decir, participar en la construcción de su historia. La mujer que trabaja tiene la oportunidad de encontrar nuevos caminos con creatividad, esfuerzo y amor para conciliar familia y trabajo

INFIDELIDAD

Se me paró el corazón, una rara sensación recorrió mi cuerpo cuando vi ese número en su teléfono. Mis sospechas se habían confirmado, aquellas excusas no eran más que eso, excusas. Cuánto me habría gustado creerle, pero algo me decía que me estaba mintiendo, nunca antes había comprendido aquellos retrasos, aquellas manchas en la ropa o aquel olor tan sospechoso. Llevábamos más de 11 años de relación y apenas 2 casados, todas mis ilusiones se habían cumplido al estar con él, la persona que más quería en el mundo y que ahora me estaba defraudando de esta forma.

Nos conocimos una noche en las fiestas en mi pueblo, cada año vuelvo allí para reencontrarme con mis familiares y con los amigos íntimos que aún conservo desde la infancia. Desde que comencé a trabajar me fui a vivir fuera, a la capital, pero nunca he olvidado de dónde procedo. Aquella noche era especial, había nacido mi primer sobrino y estaba exultante, quedé con mis amigos donde siempre, había que celebrarlo y puntual acudí, más guapa que nunca. Cuando llegué ellos aún no habían llegado, ya se sabe que los días de fiesta los más puntuales también se retrasan. Mientras les esperaba, pedí una cerveza en la barra y mientras tanto, bebía a pequeños sorbos y sonreía para mis adentros. Uno de los que estaban a mi alrededor empezó a fijarse en mí, al principio apenas le presté atención, iba a lo mío, pero fui dándome cuenta de que ignoraba la conversación de sus acompañantes para mirarme fijamente. Poco a poco esa situación fue incomodándome, el tiempo pasaba con demasiada lentitud y mis amigos no llegaban, nunca antes me había sentido tan observada por un desconocido.

Era un chico alto, joven, moreno, iba bien vestido y tenía pinta de no ser de la zona, tal vez un turista de los que se acercaban por estas fechas por el pueblo. Con los nervios me había terminado la cerveza y el camarero, antes de pedirle otra, ya me la había servido, le miré con extrañeza cuando me dijo que aquel chico que tanto me miraba me había invitado a la siguiente. Ante esta situación no tuve otra que agradecerle con un gesto la invitación, motivo que él aprovechó para dejar a sus amigos y acercarse, en un par de pasos, hasta mí. Comenzó a hablarme y entablamos una animada conversación, sin darme cuenta del paso del tiempo llegaron mis amigos y con ellos el motivo para irme a otro sitio. He de reconocer que ese chico, ya no tan desconocido, me atraía muchísimo, se mostraba muy seductor y apenas tímido, y la idea de ir con mis amigos había dejado de resultarme tan atractiva. No obstante, no podía echarme atrás y con dos besos nos despedimos, no sin intercambiarnos los teléfonos.

Me fui con ellos y de discoteca en discoteca pasamos la noche, cansada y sin mirar la hora, decidí irme para casa, los nervios del día, las copas y las altas horas de la madrugada habían hecho mella en mí. Tenía el teléfono en el bolso y no eché mano de él hasta llegar a casa, entonces me di cuenta de que tenía varias llamadas perdidas y un par de mensajes de Alberto, el chico que había conocido esa noche. Tras leerlos, y no sin nervios, me decidí a llamarlo, esperando que estuviera ya dormido y mi llamara no tuviera consecuencia alguna. Sin embargo poco después de los primeros tonos escuché su voz, me saludó cálidamente y me confesó no poder conciliar el sueño dándole vueltas a nuestro encuentro. Hablamos durante unos minutos cuando él, atrevido, me propuso encontrarnos en persona y seguir la conversación cara a cara. Yo ya estaba en pijama, desmaquillada y en la cama, en casa de mis padres, en la habitación de mi infancia, sin embargo no lo dudé un instante. En unos minutos me había puesto algo de ropa y estaba bajando a la calle. Allí ya estaba él, esperándome, con una sonrisa que iba de oreja a oreja. Nos dimos dos besos, pero ¡qué dos besos!

Pueden imaginarse que a ese le sucedieron otros intensos encuentros, a pesar de la distancia, pues vivíamos a más de 200 kilómetros, nos veíamos todas las semanas y hablábamos casi a diario. Él viajaba constantemente por su trabajo y yo seguía atareada con la empresa, así fueron pasando los primeros años. Nos fuimos integrando con los amigos de la otra parte y las familias acogieron muy bien la relación. A los tres años decidimos irnos a vivir juntos, no sin algún que otro problema, porque alguno de los dos tenía que cambiar de trabajo para poder llevarlo a cabo. Finalmente consiguió que su misma empresa le permitiera trabajar desde mi ciudad y de esta forma buscamos casa para compartir nuestras vidas. El comienzo de la convivencia fue bueno, como nuestros primeros viajes, nuestras primeras navidades juntos. Al principio conseguíamos ponernos de acuerdo y apenas había una palabra más alta que otra. Él continuaba viajando por su trabajo y aprovechábamos el tiempo que pasaba en casa para relajarnos, conversar y salir con los amigos. A los años, influidos tal vez por la familia, la edad, no sé por qué, decidimos casarnos y poco a poco fuimos organizando una boda que nunca me terminó de gustar. Demasiados familiares, conocidos, hasta gente que no había visto en mi vida. Llegó el día, lo disfrutamos y volvimos a casa exhaustos.

Superado ese trámite la convivencia fue cambiando, volvía distante de los viajes y apenas le apetecía que saliéramos juntos. Pasábamos el tiempo en casa, cada uno por su lado y las conversaciones muchas veces acababan en reproches. La tristeza me iba invadiendo, por las noches sentía su cuerpo distante y las relaciones sexuales muchas veces quedaban sólo en eso, sexuales, faltaba el cariño, la pasión de antaño. Hacía cómplice de mis dudas y desvelos a alguna amiga, pero no quería hacer caso a sus consejos, me negaba a pensar mal de él y pensaba que alguna preocupación del trabajo era la causante de nuestra distancia. Hoy, sin embargo, todo lo que no había querido ver se ponía frente a mis ojos, acababa de descubrir que Alberto llevaba casi dos años con otra mujer, el tiempo que llevábamos casados.

Cuando vi esas llamadas de teléfono y ese número que tanto se repetía comencé a investigar, llamé a algunos compañeros de trabajo y a su jefe para preguntarle por sus viajes, por el trabajo, me confirmaron que Alberto hacía bastante tiempo que no tenía que viajar tanto, había ascendido y ahora podía llevar el trabajo desde el propio ordenador de casa. Una de nuestras amigas, que conocía a Alberto desde hacía muchos años, me comentó en una ocasión algo que en aquel momento no entendí y por eso decidí llamarla y contrastar con ella mis interrogantes. Al principio quiso ser prudente, pero no pudo callar por más tiempo sus fundadas sospechas, en una ocasión pilló a Alberto saliendo de una discoteca con una chica en actitud más que sospechosa, fue atando cabos hasta que descubrió que su amigo no era tan sincero como ella pensaba. Me ayudó a descubrir quién era la chica, conseguimos su número de teléfono, que era el de las facturas, su dirección y hasta pude verla en alguna ocasión.

Durante un tiempo actué con Alberto como si nada, quería tener las cosas claras antes de soltarle toda la verdad. Me costaba reprimir mi dolor, lloraba a escondidas, por las noches me volvía en la cama para evitar estar cerca de él. Una mañana, cuando todo estaba más claro que el agua, me levanté antes que él, fui a hacerme un café y cuando iba a darse una ducha lo llamé desde la cocina. Al verme empapada en lágrimas y con la cara desencajada se quedó frío, como fría me había quedado yo aquel día. Me preguntó qué me pasaba y entonces fui enumerándole todos mis descubrimientos a los que él, en lugar de negarlos, acompañó con un profundo silencio. Quería separarme, poner distancia a ese dolor y olvidar a esa persona que me estaba haciendo tanto daño. Él se negaba, no quería romper lo nuestro, pero estaba claro que así no podíamos seguir. Me ofreció la opción de ir a terapia, era la única forma de que yo pudiera volver a confiar en él y de que aquello que un día fue una relación idílica, volviera a serlo.

Desde entonces han pasado varias semanas y sigo muy distante, pero comenzamos a ir a terapia de pareja, dejándome llevar, tal vez, por lo mucho que le quiero. Por el momento dormimos en camas separadas y no he querido volver a acostarme con él, aunque siempre he deseado mucho el contacto físico con su cuerpo. Pasa más tiempo en casa y apenas viaja, dando fe de que puede trabajar desde su propio ordenador. Ha hablado con la chica con la que me era infiel y ha puesto las cosas claras, han dejado de verse. Alberto nunca ha sido una mala persona, tiene multitud de amigos y sus compañeros y clientes le aprecian muchísimo, a mi  me enamoró locamente aquella noche y durante años hemos disfrutado juntos. Es cierto que en los últimos tiempos la cosa había cambiado y esta infidelidad ha sido una gran traición, es lo último que me esperaba de él. Hemos vuelvo a almorzar juntos, salimos a pasear cuando los ánimos me lo permiten y ha vuelto a confiarme sus pensamientos más íntimos. No sé qué pasará con nosotros, no sé si podré olvidar y si volveremos a ser cómplices. La verdad es que las sesiones me están ayudando mucho y creo que a él también, es cierto que en las relaciones acaban descuidándose cosas muy importantes y a veces no sabe uno con quién está viviendo realmente. Si hablamos dentro de un tiempo ya les contaré, por el momento le he dado una oportunidad a nuestra vida juntos. Si esto se rompe reconozco que también podré seguir adelante.

 

UN POQUITO DE PICANTE…

Entre tantos asuntos serios, ¿qué les parece si ponemos a este día un poquito de picante? Lo digo porque la noche del lunes 4 de agosto hablé de las fantasías sexuales en el programa NUESTRO VERANO de Canal Málaga. ¿Quién no se ha abstraído más de una vez en sus fantasías eróticas? ¿Quién no siente alguna atracción por lo nuevo y lo desconocido? No todos los días habla una de estos asuntos, aunque cada vez haya una mayor libertad de expresión y las cuestiones sexuales se banalicen, tal vez demasiado, no siempre conocemos la verdadera naturaleza de las fantasías que todos y todas tenemos.  

Si nos preguntamos por su origen tendríamos que situarlo, aunque les sorprenda, en la más temprana niñez. La ocupación favorita y más intensa del niño es el juego. El juego de los niños es regido por sus deseos o, más rigurosamente, por aquel deseo que tanto coadyuva a su educación: el deseo de ser adulto. No tiene motivo alguno para ocultar tal deseo y lo muestra naturalmente ante los adultos. Con el crecimiento, el hombre que deja de ser niño cesa de jugar, y en lugar de jugar, fantasea. Hace castillos en el aire; crea aquello que denominamos ensueños o sueños diurnos. El fantasear de los adultos es menos fácil de observar que el jugar de los niños, el adulto sabe que de él se espera ya que no juegue ni fantasee, sino que obre en el mundo real; y, además, entre los deseos que engendran sus fantasías hay algunos que le es preciso ocultar. 

En el interesante texto “La novela familiar del neurótico” de Freud encontramos la actividad fantasiosa de los más jóvenes, muchos niños, defraudados por las cualidades “reales” de sus progenitores, fantasean que sus padres no son sus padres reales, que ellos provienen de padres más encumbrados como reyes o ricos y que fueron abandonados. Recuerden las típicas frases: “yo fui recogido en un puente”, “a mí me cambiaron en el hospital, en realidad mis padres son otros”. En esta época donde el niño desconoce las condiciones sexuales de la procreación. Su ocupación mayor es volver a enaltecer a sus padres. 

Tras los primeros descubrimientos sexuales donde empieza a sospechar, no sin rechazo, las vinculaciones sexuales entre sus progenitores, el niño, ya en la pubertad, comienza a imaginarse situaciones y relaciones eróticas, generalmente de su madre con otros hombres, o de él mismo con su madre. Aquí comenzará la intensa actividad fantasiosa erótica que bien reconocemos todos en nosotros mismos, donde muchas veces deseos contrarios a la propia moral juegan su papel.

Si como decíamos antes, el niño jugaba a ser mayor por ser este su gran deseo, podríamos decir, retomando a Freud, que el hombre feliz jamás fantasea, y sí tan sólo el insatisfecho. Los instintos insatisfechos son las fuerzas impulsoras de las fantasías, y cada fantasía es una satisfacción de deseos. Los deseos impulsores son distintos, según el sexo, el carácter y las circunstancias de la personalidad que fantasea. Son deseos ambiciosos, tendentes a la elevación de la personalidad, o bien deseos eróticos. En la mujer joven dominan casi exclusivamente los deseos eróticos, pues su ambición es casi siempre la aspiración al amor; en el hombre joven actúan intensamente, al lado de los deseos eróticos, los deseos egoístas y ambiciosos. Lógicamente los diversos ensueños o sueños diurnos, no son, en modo alguno, rígidos e inmutables. Muy al contrario, se adaptan a las impresiones cambiantes de la vida, se transforman con las circunstancias de la existencia del sujeto 

Es fácil reconocer que todos somos, en cierta medida, unos insatisfechos, siempre nace algún deseo por alcanzar o permanece algún deseo que no queremos llegar a cumplir. Una de las ventajas de las fantasías es que se pueden manipular, invertir, modificar o mejorar cualidades; se puede acceder a lo que no ocurriría en la vida real, lo cual las convierte en excelentes herramientas para lograr la plenitud sexual. Históricamente las fantasías eróticas han sido tachadas como síntomas de enfermedad mental, sobre todo aquellas que se apartan del acto heterosexual. No obstante, resultan ser una práctica vigente y muy socorrida por personas sanas, sexualmente satisfechas y con gran capacidad creativa. 

Es común confundir a la fantasía con el deseo sexual, sin embargo mientras la primera se refiere a la evocación de una situación ficticia, el deseo es el anticipo de una situación real. El hecho de que una persona emplee una fantasía sexual no presume necesariamente que desee llevarla a la práctica. Hay casos de personas que las han llevado a la práctica y sin embargo ello no les ha deparado el placer esperado. Paradójicamente una fantasía puede ser convertirse en una mala experiencia si se hace realidad. Más de uno de ustedes lo afirmará. Las fantasías sexuales se producen en una gran variedad de marcos y circunstancias. A veces esos interludios imaginativos se provocan con toda intención para pasar el rato, para animar una situación tediosa o ponerle un poco de picante al acto amoroso.

Como vemos, fantasear es una forma de jugar, divertirse y desarrollarnos, debiendo verse como una actividad positiva siempre y cuando nos permitan tener los pies en la tierra. No se puede vivir de las fantasías, ya sean eróticas o ambiciosas, todos necesitamos satisfacción real. Muchas podrán llevarse a la práctica, pero otras tantas deberán permanecer como lo que son, fantasías y tener su espacio y su tiempo sin estorbar nuestra realidad. No podrán objetarme cuán negativa es aquella actitud de no valorar lo que tenemos porque nunca alcanzará el nivel de nuestra fantasía. Como dije antes, el niño distinguía perfectamente entre su juego y la realidad, sabía perfectamente que el palo de la fregona no era un caballo, no caigamos nosotros en el error de creer más en nuestras fantasías que en el tacto, el olor, el sonido de una voz real. La realidad siempre es distinta a nuestros sueños, pero por ser real nos permite una intensidad que nunca alcanzarán nuestras ilusiones.

LAS RELACIONES DE PAREJA DESDE EL PSICOANÁLISIS

Ni huir, ni arremeter contra nada. 
Aprender conversar 
tranquilamente, eso enseña el amor.

Miguel Óscar Menassa

El amor debería ser un mundo siempre por nombrar, como lo es el poema. Sin embargo, el amor recibe todo tipo de calificativos, adjetivos y nombres todo el tiempo. El psicoanálisis ha sido la ciencia que más se ha interesado en el amor, ese gesto del cual no imaginamos nada que fuera el pasado, ni siquiera el porvenir, por lo tanto nunca podemos saber cuánto va a durar.

No hay amor sin palabras y las palabras es lo que marca el amor como tal, lo historiza. Un amor sin palabras no tiene nada que ver con el sujeto psíquico, es un mero mandato de la especie, es imaginario.

Las relaciones de pareja son más complejas de lo que parece. H ay hombres que desean a la mujer que no aman y aman a la mujer que no desean, sufriendo de impotencia psíquica. Hay mujeres que prefieren parecer que aman y parecer que desean, que dejar un instante de ser mujer para sólo parecerlo.

El psicoanálisis describe lo que solemos llamar amor como una conducta narcisista, es decir que el hombre y la mujer sólo aman lo que han sido, lo que son, lo que ambicionan ser.

Hay mujeres que prefieren parecer que gozan, a gozar pareciendo que son, puesto que ser hombre o ser mujer es una cuestión de apariencia.

Eros tiende a la unión pero sin principio de muerte moriríamos todos ahogados en su abrazo. Es decir que para que se pueda forjar en mí la dimensión del amor tendré que haber aceptado el límite que la muerte impone a mi existencia material. Cuando acepto ser mortal, alcanzo un grado más de humanización que me permite transformar la realidad.

Lo fundamental del goce femenino es la ausencia de localización. Ella goza con todo su cuerpo.

Frente al sexo el sujeto se encuentra perplejo, enfrentado a un enigma ininteligible, para el cual no tiene ningún saber, ni recurso. Enigma que obliga a una respuesta: situarse en relación a él.

Como hombre y como mujer los sujetos no se distinguen, sino que se los distingue.

En algunas personas, conseguir una relación de pareja produce una ilusión de tranquilidad, «asegura» no quedarse 
solo, estar siempre acompañado. Al menos durante algún tiempo el amor les proporciona un compañero, y el hecho 
de que otro ser humano esté próximo, les alivia el síntoma.

Y esto porque al ser humano, sea hombre o mujer, no le basta con sentirse necesitado o amado, también es necesario que se sienta deseado, esto quiere decir que no le 
basta con ser objeto de amor, es necesario que ocupe el lugar de causa del deseo.

El amor de quien desea ser amado es una tentativa de capturar al otro como objeto, es amor narcisista. Quien aspira a este amor no le interesa ser amado por su bien, sino que quiere ser amado por todo, no sólo por su yo, sino por sus bonitos ojos, por sus manías y debilidades.

Amar en el plano simbólico es otra cosa, es amar al otro más allá de lo que parece ser, estando más allá de la esclavitud imaginaria, por eso que puede aceptar sus debilidades y torpezas, hasta puede admitir sus errores, pero cuando el ser amado lleva demasiado lejos la traición a sí mismo y persiste en engañarse, el amor se queda en el camino.

Recordemos la fórmula lacaniana del amor: dar lo que no se tiene a quien no es.

COSAS DE CAMA

Todavía, hablar de sexualidad produce inquietud, nerviosismo, vergüenza. Aún no tenemos una actitud abierta ante estos temas que, por otra parte, a todos nos afectan. 
Cada vez acuden más parejas a nuestras consultas, la mayoría de ellas dicen que ya no se aman o desean como al principio, como cuando eran novios. Es como si el tiempo desgastara la relación o se perdiera el deseo sexual hacia la pareja.
Los problemas sexuales comienzan cuando falla la comunicación, cuando deja de habar palabras. Para que haya una buena sexualidad en la pareja tiene que haber armonía. A estos problemas, se va sumando una tensión emocional que va en aumento. Esta problemática relacional donde primero se refleja es en la pérdida del interés en las relaciones sexuales. En este ambiente, es frecuente observar a hombres y mujeres que castigan a sus parejas retirándoles las relaciones sexuales, el cariño, las atenciones, los besos…
Está claro entonces que lo sexual en una pareja es el reflejo de la dinámica de la relación. El tiempo no desgasta el deseo sexual, sino que la relación misma va evolucionando con el tiempo, por lo tanto, el deseo y el amor también van a sufrir una evolución. Al principio de una pareja el sexo suele darse de continuo, a todas horas, es la novedad. Conforme pasa el tiempo, se vuelve algo más de la vida cotidiana.
El deseo no es sólo de carácter sexual. Es todo aquello que nos proporciona algún tipo de satisfacción y placer. Es lo que hace que las personas se muevan, tomen decisiones. Dentro de ese deseo se haya el deseo sexual propiamente dicho. Diríamos que hay deseos que satisfacen más que una buena relación sexual. 
En este sentido, no es que desaparezca el deseo en la pareja, sino que el deseo se pone en otras cosas. Con el paso del tiempo la energía de los deseos se ha puesto en otros elementos. Está claro sin embargo, que si no hacemos nada para estimular o despertar el deseo de nuestra pareja, ni atracción sexual ni interés mostrará hacia nosotros. Las relaciones hay que cuidarlas cada día, la sexualidad es un elemento más del vínculo entre esas personas. 
En muchas ocasiones es la vergüenza nos impide hacer cómplice al otro de nuestros deseos. No hay dos personas que gocen de la misma manera. En este sentido, para que haya buenas relaciones sexuales tiene que producirse una complicidad entre ambos.
Hay mujeres que obtienen más placer con los actos preliminares a la penetración, si su pareja no toma conciencia de ese detalle, con toda seguridad su pareja acabará teniendo problemas. Debemos poner atención en los gustos del otro. Sólo aceptando que somos diferentes podrá haber entendimiento y placer mutuo. Si cada uno va a su aire, lo más normal es que alguno quede insatisfecho.
Históricamente encontramos casos de hombres y mujeres que buscan fuera de sus parejas el tipo de relación sexual o actos que les hacen gozar, porque con sus parejas no se atreven a realizarlo. Un aprendizaje muy importante es saber que una persona puede asumir diversas funciones, madre, mujer, amante, trabajadora, compañera… En cada situación tenemos que mostrarnos distintos, por ello en la sexualidad tenemos que dejar al margen ciertas cuestiones morales, pues sólo sirven para inhibir.
Para llevarnos bien con los demás, primero tenemos que llevarnos bien con nosotros mismos. Por ello, tenemos que ser más tolerantes con nuestra manera de gozar. La sexualidad no es más que nuestra forma de relacionarnos con el mundo para la obtención de placer. Una sexualidad ampliada, más social que genital, permitirá al individuo un amplio abanico de satisfacciones, puesto que no siempre lo inmediato y rápido es lo más placentero. Hacer el amor con las palabras es lo propiamente humano.

 

 

 

 

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